El rol de Macri y de la oposición – 7 de febrero 2020

El ex presidente Mauricio Macri, mañana cumple 61 años. El mejor regalo que podría hacerse a sí mismo y a sus votantes, es definir con toda claridad cuál va a ser su rol dentro del universo opositor. Hemos comprobado rápidamente que hay un gobierno absolutamente irresponsable, que está muy lento de reacción y que se mueve en zigzag según ordene Cristina o Alberto. Frente a esa triste realidad, el único camino para no caer en el abismo es que la oposición se estructure en forma responsable. ¿Eso, qué significa?
Que haya un compromiso de unidad inquebrantable y que, se pongan como objetivo controlar en forma implacable las barbaridades que hacen los Fernández, denunciar con firmeza los avances autoritarios y trabajar seriamente en una alternativa para en las elecciones de medio tiempo demuestre que está vivita, coleando y en pleno crecimiento.
Para eso el ex presidente Macri debería aparecer en muy pocas ocasiones para no malgastar pólvora en chimangos. Bajar su perfil y aclarar que está dispuesto a seguir en la política y a ayudar a parir las nuevas candidaturas con una renovación generacional que es imprescindible. Macri ya cumplió su cometido histórico y se puede dar por satisfecho. Lideró una fuerza que se retiró del poder con el 41% de respaldo popular pese al fracaso económico, entregó el poder en tiempo y forma y colocó los cimientos para un movimiento republicano y popular que puede constituirse en una de las posibilidades de alternancia que consoliden la democracia y consolide la idea de que no solamente el peronismo puede gobernar.
Hay que tener en cuenta que en las elecciones del año pasado, perdió el club del helicóptero. Ganó la República. La democracia recuperó uno de sus pilares fundamentales: la alternancia. Los argentinos tenemos una vergüenza menos porque aprobamos una de nuestras principales asignaturas pendientes. El presidente Mauricio Macri entregó los atributos de mando en tiempo y forma, al presidente entrante Alberto Fernández. Y hubo tres abrazos, más allá de la mano falsa y la cara de Cristina, que puso la actual vice presidente. Algo que es normal en cualquier institución del mundo, pero que aquí, no ocurría desde hace 91 años. Nunca, en todo este tiempo, un presidente no peronista logró finalizar su mandato. Esta vez, Macri consiguió que esta gloriosa nación, se sacara esa mochila de piedra. Quedo dinamitada esa idea nefasta y antidemocrática de que solo el peronismo podía gobernar este complicado país. El sector más chavista del cristinismo apostó desde un principio a convertir a Macri en Fernando de la Rúa. Hicieron todas las maldades posibles para que un huracán social se lo llevara puesto y Macri tuviera que huir de la Casa Rosada en helicóptero como lo hizo el ex presidente radical. No ocultaban sus intenciones golpistas. Hasta regalaban helicópteros de juguete en las marchas. El concepto lo sintetizó el diputado Fernando Iglesias. Llamó a estos mafiosos destituyentes, “El Club del helicóptero”. Esta vez, por suerte para todos los argentinos, no lograron su perverso objetivo. Esta vez ganó la República y la alternancia que es el ADN de toda democracia que se precie. Si no hay por lo menos dos partidos o coaliciones en condiciones de conducir los destinos de la patria, esa democracia minusválida, se transforma en unicato o en cristinato, como ya lo padecimos.
Este es el principal saldo favorable que deja la administración de Cambiemos como herencia. El día de la concentración más grande en mucho tiempo realizada en el Obelisco se convirtió en una suerte de 17 de octubre republicano. Fue el momento del parto de algo nuevo. Jorge Fernández Díaz lo bautizó con precisión y talento: “El Movimiento Republicano Popular”. Hoy todavía está en gestación y es un rompecabezas que la dirigencia debe saber armar con inteligencia y sin mezquindades. Ese tsunami de ciudadanos argentinos, ocuparon las calles que solía ser propiedad exclusiva del peronismo. El último sábado de Macri en el gobierno, una vez más, llenaron la Plaza de Mayo, sin micros ni punteros, y llevaron al presidente Macri en andas. Esa parte del pueblo que tiene 10 millones y medio de votantes, se puso el presidente al hombro y dejó en el basurero de la historia la imagen de un jefe de estado escapando de la anarquía y la muerte por las calles. Esa imagen, de Macri sostenido por la gente, le extendió el certificado de defunción a ese concepto jurásico, nacional populista y profundamente autoritario, de que solo el peronismo puede.
Por eso fue tan horrible lo que hizo Ricardito. Porque su padre, don Raúl Alfonsín fue el primer republicano que derrotó al nacional populismo autoritario del peronismo y le dio a la palabra “republicano”, el mejor de los contenidos: el de los españoles que combatieron el oscurantismo falangista y dictatorial de Francisco Franco.
Esta gran novedad política del Movimiento Republicano Popular, no tiene la conducción de Macri. Incluye a Macri que por supuesto, es una suerte de principal referente en su carácter de ex presidente. Pero no todos los republicanos populares que participan y salen a la calle contra los corruptos y los patoteros golpistas son del PRO. Por el contrario, se trata de una movida todavía en ciernes que incluye a radicales, seguidores de Elisa Carrió, peronistas republicanos de Pichetto y de Monzó y hasta de Luis Juez y a un inmenso sector de gente independiente que no se siente representada por ninguna de estas camisetas partidarias. Faltaría crear otra agrupación que sume a Graciela Ocaña, Gerardo Milman, Adrián Pérez o figuras claves de la vida cultural como Juan José Campanella que tienen una identidad social demócrata o social cristiana que no encuentran en el radicalismo. Ese espacio, hasta podría seducir a Margarita Stolbizer que con manos limpias y buenas intenciones, quedó nadando sin rumbo entre los tiburones del peronismo. Y podría sumar, sin burocracias, a los independientes que militan con astucia, sobre todo en las redes, en “Banquemos” o en “Equipo Republicano”.
La conclusión es que: “sin el antikirchnerismo, no se puede, pero con el antikirchnerismo no alcanza” y agrego una idea organizativa.
Si quieren convertir a esta coalición en algo serio y duradero, en una oposición sensata y severa que no baje ninguna bandera de honradez y libertad, deberían institucionalizarla. Los presidentes de estos partidos deberían formar un consejo directivo permanente que fije agendas, que arme mesas políticas en todas las provincias y en todos los pueblos sumando a las expresiones vecinalistas. Que tenga vida orgánica, que discuta ideas en seminarios y convoque a intelectuales de diversos pensamientos y que se proponga dirigir gremios, centros de estudiantes, consejos profesionales, clubes, y todo tipo de instituciones intermedias. Es la mejor manera de comprender las raíces de los problemas y de estar junto a otros ciudadanos que tienen dificultades, inquietudes y muchas veces, aportan soluciones creativas. Si esa marea popular se institucionaliza como la Concertación Chilena, por ejemplo y tiene vida propia, con líneas internas y elecciones democráticas va a adquirir una fortaleza en el tiemplo que luego en las elecciones va a llenar de legisladores el Parlamento y se va a colocar en la línea de partida para volver a gobernar la Argentina.
Esto que acabo de describir se llama hacer política. Esa nueva instancia, superadora de Cambiemos debe armar un gabinete en las sombras. Especialistas y técnicos honrados y de excelencia profesional que sigan y monitoreen cada medida que tome cada ministro de los Fernández. Que critique lo malo, apoye lo bueno y proponga alternativas superadoras. Esa es la mejor manera de hacer una oposición razonable, que convoque a la epopeya de construir un país mejor. Con más del 40% de los votos movilizados tiene la gran misión de evitar todo tipo de desmesuras y locuras de Cristina y Alberto, de poner límites a las persecuciones que ya empezaron y de elegir el próximo presidente en el 2.023.
Le recuerdo lo siguiente. Macri no debería liderar esto. La conducción debe ser colectiva y multipartidaria. Macri debe actuar como una suerte de coordinador, como ex presidente y como el partero de las candidaturas que vienen que incluye, entre otros, a Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Martín Lousteau, Mario Negri, Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo y todos los liderazgos que vayan apareciendo y se vayan consolidando en los próximos años.
Esta sería la mejor manera de no ventear semejante energía republicana. Hay que darle cauce y continuidad sin encerrarla en formalidades. Tiene una potencia impresionante. Pero debe tener una referencia para no dispersarse en peleas intestinas y evitar que la diversidad multicolor tan útil, se transforme en una desbande en donde cada uno haga lo que se le ocurra.
Hay futuro si lo manejan con astucia y sin soberbias ni especulaciones personales. Esto recién empieza y la base es muy sólida. No significa que todo ya está hecho. Por el contrario, el movimiento republicano popular recién ha nacido. Todavía le falta aprender a caminar. Pero va por el buen camino.

Merkel y Perón – 6 de febrero 2020

Angela Merkel es una mujer brillante. El año que viene, se va a retirar, después de 17 años como canciller federal de Alemania. Es una líder popular que fue varias veces elegida como la más poderosa del mundo. Es física y tiene un doctorado sobre “Química Cuántica” en la universidad de Leipzig. Habla perfectamente ruso e inglés, además de alemán, obviamente. Sin embargo Angela Dorothea Merkel no pudo descifrar uno de los mayores misterios del universo y se lo preguntó a Alberto Fernández en la intimidad de la cena: ¿Qué es el peronismo? Y agregó: “No los entiendo. ¿Son de derecha o de izquierda? Ella lo preguntó porque fue una luchadora por la libertad desde el social cristianismo contra la dictadura comunista cuando Alemania estaba dividida.
Dicen que Alberto se tomó unos pocos minutos y habló de capacidad para gobernar. Pero el detalle, no lo sabremos nunca.
Como observador y analista externo, confieso que me hubiera gustado responderle con un par de chicanas. Una contra Cristina que dijo en campaña electoral que su modelo era Alemania y nos llevó cerca del chavismo venezolano. Y otra contra el flamante funcionario Aníbal Fernández que dijo que en la Argentina había menos pobres que en Alemania.
Pero hubiera sido desubicado de mi parte y demoledor para la digestión de la anfitriona de Alberto.
Lo cierto es que esa pregunta tiene mil respuestas y ninguna. ¿Qué es el peronismo?
Juan Domingo Perón es una de las figuras de nuestra historia política que despierta mayores odios y amores. Con solo mencionar su nombre en una reunión social, se abre una discusión muchas veces irreconciliable que, ahora llamamos grieta, o abismo.
Murió en 1974 y Perón todavía sigue muy presente. Decía que su único heredero era el pueblo, pero la realidad es que hoy es muy difícil definir que es el peronismo. Es un partido híper pragmático especialista en llegar y mantenerse en el poder con la ideología de los vientos que soplan.
Perón todavía desata pasiones sobre su vida y obra que son material inflamable. Se lo digo más claro todavía: Perón marcó la historia argentina. En todo debate es casi imposible encontrar denominadores comunes y es muy fácil chocarse con definiciones tajantes, excluyentes. Le doy los ejemplos extremos:
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue un nazi. El que más violencia sembró y el que más atacó la libertad.
O en el otro rincón…
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue Gardel, un semi dios. El que más hizo por los pobres en nuestro país y el que más impulsó la justicia social.
¿Fue nazi o Gardel? Con Perón no hay términos medios. La gloria o Devoto. El cielo o el infierno. En la figura de Perón se resume la eterna lucha entre la libertad y la justicia social, entre las demandas democráticas y las aspiraciones sociales. Es una lucha tan vieja como el mundo. Pero en Argentina se concentra en forma impresionante en la figura de Perón.
Es difícil entender el alma y el cerebro de los argentinos, sin entender o intentar entender al peronismo. Hay que buscar un acercamiento a la verdad con la menor cantidad de reduccionismos o simplificaciones. Argentina fue cultural, económica y políticamente distinta después de la aparición de Perón. Para bien y para mal. Insisto, no es mi intención sumarme a la agresiva discusión pasional que no conduce a nada después de que pasaron 46 años de su muerte.
Mi humilde apuesta e intención es tratar de analizar el fenómeno de Perón lo más despojado posible de conceptos sanguíneos, tratando de que allí donde los ciudadanos desatan pasiones, los periodistas desatemos reflexiones.
¿O no se pueden analizar todas las cuestiones históricas y políticas con racionalidad? ¿Somos tan poco inteligentes que no podemos tomar distancia de los acontecimientos y sacar conclusiones que nos sirvan para seguir avanzando en la construcción de un país más justo, con más libertad y menos pobreza? Pienso en un salto de calidad y maduración en las discusiones que pacifique los espíritus y nos abra la cabeza. ¿Es tan complicado eso? ¿Nos cuesta tanto no pensar a Perón en términos absolutos? ¿Nos cuesta tanto pensarlo lejos de las etiquetas que estigmatizan o endiosan?
¿Nos podemos meter en el estudio histórico razonando que nos equivocamos si creemos que Perón era solamente un nazi o solamente Gardel? ¿No era ninguna de las dos cosas o era ambas cosas?
Le doy un ejemplo:
Un antiperonista furioso, alguno de nuestros abuelos que incluso, haya sido comando civil, hoy, ¿no podría reconocer que Perón incorporó a la clase obrera al gran escenario nacional? Que les dio un lugar y un reconocimiento a los trabajadores urbanos y rurales y que instaló definitivamente en la conciencia social de este país el concepto de igualdad.
¿Cómo dice oyente antiperonista? ¿Que esas ideas ya las habían sembrado los socialistas de Alfredo Palacios? Sí, eso es verdad. Pero nadie las ejecutó en la práctica con tanta fuerza y las levantó más alto como bandera que Perón.
Pero ahora, déjeme seguir con el ejemplo contrario.
Un fervoroso peronista, incluso algunos de nuestros tíos que recibió su primera pelota de cuero gracias a Evita y que se tomó vacaciones por primera vez en un hotel sindical de Mar del Plata y que estuvo en la resistencia, hoy ¿No podría reconocer el tema de la violencia y el autoritarismo de Perón? La alfombra que les tendió a muchos nazis para que ingresaran al país, el fusil como instrumento de lucha política y la muerte como objetivo. Lo digo por todo. Sin distinciones ideológicas, lo digo por el “5 x 1, no va a quedar ninguno” de Montoneros y por la Triple A de José López Rega.
¿Cómo dice oyente peronista? ¿Qué Perón y los peronistas también sufrieron la violencia y que fueron víctimas de los bombardeos de Plaza de Mayo, de los fusilamientos de José León Suárez, los desaparecidos?. Sí, es verdad. Pero ningún movimiento político argentino llevó en su génesis tan metido el concepto de la violencia como partera de la historia.
No me diga que no sirve la razón para estudiar a Perón como hecho histórico. Seguramente si lo logramos eso nos ayudaría como país para que poco a poco vayamos saldando tanto odio, tanto fanatismo, tanta locura.
Hoy el antiperonista debería reconocer que cuando murió Perón, a gran parte del pueblo argentino se le desgarró el corazón de tristeza porque se iba una suerte de gran padre protector de los descamisados, de los grasitas, de los que siempre tuvieron menos. Una foto que sigue golpeando mi memoria es la de aquel colimba de rasgos norteños, con su rostro desencajado por el llanto ante el féretro que llevaba los restos de Perón, quien fue el único que logró tres veces ser elegido presidente con el voto popular.
Hoy el peronista debería conceder que cuando murió Perón, a otra parte del pueblo argentino se le escapó un suspiro de alivio porque ese muerto había sido el responsable de muchas persecuciones y del encarcelamiento de dirigentes opositores.
Pero fue precisamente uno de los opositores más perseguidos por Perón, uno de los que estuvo preso por combatirlo, el que con una lucidez digna de los grandes puso la semilla de los nuevos tiempos de convivencia que florecieron hasta que llegaron los Kirchner a abrir nuevamente las puertas del odio. Todavía siguen golpeando en mis neuronas aquella despedida que Ricardo Balbín le hizo a su enemigo de toda la vida. ¿Se acuerda del Chino Balbín al lado del cajón, con la mano en el bolsillo y en su tono grave diciendo: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Hay que recuperar ese espíritu de unidad nacional en la diversidad. O cuando el doctor Antonio Cafiero se puso al lado del presidente Raúl Alfonsín en el balcón de la casa Rosada para enfrentar juntos el levantamiento golpista de los carapintadas.
Perón, Balbín, Alfonsín y Cafiero demostraron que se podía. Néstor y Cristina echaron sal sobre las heridas y produjeron lastimaduras más profundas. Y encima las inundaron de una corrupción nunca vista.
En las urnas se resuelven los temas irreconciliables. Basta de insultar o perseguir al que piensa distinto. Todo lo contrario, enriquecerse con el pensamiento del otro. No nos podemos permitir volver a transitar momentos terribles y horrorosos como la quema de iglesias o que alguien pinte “Viva el cáncer” sobre el sanatorio donde se estaba muriendo Evita. Hubo un troglodita que llegó a decir hace horas que la muerte le sentaba bien a Claudio Bonadio. No aprendemos más.
Basta de intolerancia. Tenemos que construir en común. Estoy seguro que más temprano que tarde lo vamos a lograr.
Tal vez Cristina sea el mayor obstáculo.
Como muchos jóvenes setentistas, Cristina no votó a Perón. Le decía “viejo de mierda” y puso la boleta de Jorge Abelardo Ramos. Ella creía que ser “evitista” era más revolucionario.
Según infinidad de pruebas y testigos fue junto a Néstor la que diseñó el sistema de corrupción más colosal de la historia democrática. Fue maltratadora con su propia gente, altanera y se enriqueció ilícitamente como pocas personas. Tiene 9 procesamientos, 7 elevaciones a juicio oral, 4 pedidos de prisión preventiva, uno confirmado por la Corte Suprema y embargos por 12.320 millones de pesos.
Pero si entender al peronismo es complicado, explicar a Cristina es directamente imposible. Son misterios muy difíciles de descifrar aún para personas tan brillantes como Angela Merkel. ¿No le parece?

Alfonsín, el apellido no se mancha – 5 de febrero 2020

Propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ricardito es un modesto dirigente del radicalismo bonaerense que será el embajador del cuarto gobierno kirchnerista en España. Alberto Fernández se lo anunció a las autoridades de ese país. Pero como dijo anoche, Jorge Fernández Díaz, su nueva jefa política será Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones ni golpistas.
Hubo repercusiones de todos los colores. El presidente de la UCR, el ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo, aclaró mediante un comunicado formal, que se trata de una decisión personal de Ricardito y que, de ninguna manera eso involucra al partido de Yrigoyen.
El presidente del interbloque de Cambiemos de diputados, Mario Negri dijo que “el que se quiera ir del radicalismo, que se vaya. No estoy de acuerdo con las expulsiones, pero para estar incómodo en un lugar, mejor que se vaya”
El presidente de la Juventud Radical bonaerense, Martín Borrazas, fue mucho más implacable. Directamente pidió la expulsión del partido. “Ricardo fuera de la UCR”, fue su tuit. Anoche, en mi programa de TN, el senador Julio Cobos expresó una postura más flexible y comprensible. No lo tomó dramáticamente ni creyó conveniente condenar esa decisión de alguien con quien compartió la idea de no participar de Cambiemos ni de aliarse a Mauricio Macri. Hace un tiempo que Ricardito viene tirando centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un conchabo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de autoritarismo y violencia. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo. Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.
¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Lo digo porque en su explicación asegura que va a apostar con su gestión a la “no restauración de los tiranos”. Por eso sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?
¿Está de acuerdo, Ricardito, en que los 9 procesamientos y 7 elevaciones a juicio oral y los pedidos de prisión preventiva de Cristina son una campaña armada por la embajada de Estados Unidos, ciertos jueces y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Eso cree Ricardito? Lo pregunto porque pidió respeto por una decisión que tomó, según dijo, “desde la más profunda honestidad y con el mayor sentido patriótico”. ¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?
Por supuesto que le agradeció a Alberto Fernández “por su confianza” y por el ejemplo de amplitud”. Después aclaró que no va a asumir una responsabilidad partidaria, sino de Estado y abogó para que eso en el futuro sea un “deber”. Parece que nos quiere hacer creer que no se trata de una lujosa zanahoria para cooptarlo sino de una obligación y de un sacrificio que hace por todos nosotros. Nadie le pide tanto, Ricardito.
Pregunto: ¿Está feliz con la darle la libertad a los ladrones de estado que este gobierno llama presos políticos? Lo digo porque Ricardito, va a tener que poner la cara por todo esto. Los empresarios y los periodistas españoles le van a preguntar sobre estos temas y muchos más. ¿Usted, Ricardito, compartió el pacto tenebroso que Cristina firmó con Irán? ¿Cree que Nisman se suicidó o fue asesinado?
El revuelo que se armó fue tan grande que Ricardito se vió obligado a emitir un comunicado tratando de explicar lo inexplicable. Sus excusas y justificaciones fueron de una fragilidad notable. Dijo que su padre, también designó a embajadores de otros partidos como el peronismo. No puedo creer como (justo él) pudo hacer semejante comparación. Para cualquier dirigente del justicialismo o de otro partido, era un orgullo, una medalla ética representar esa lucha por los derechos humanos contra todo tipo de dictadura que fomentó Alfonsín. El gobierno de los Fernández no tiene ni punto de comparación con aquella administración alfonsinista. Son el día y la noche. Un tempo de las ideas y los consensos y un prostíbulo de las mafias y los chanchullos. No creo que Ricardito defienda en España la libertad de Julio de Vido. Ni el tribunal de ética para juzgar a los periodistas que Eduardo Barcesat va a llevar a cabo precisamente en Madrid.
Como si esto fuera poco, levanta el dedito y para defenderse ataca a los que tienen una mirada crítica con los K. Dice que hay una peligrosa fractura en la sociedad y que hay dirigentes que “no hacen más que estimularla con posiciones irreductibles”. Ricardito quiere cerrar la grieta. ¿Con quién se quiere abrazar? ¿Con Ricardo Jaime? La grieta se cierra con el respeto a la Constitución y a la división de poderes. Con los corruptos de estado y los chavista K, afuera. De lo contrario es sumisión.
Ricardito se preguntó en algún momento porque motivo lo eligió Alberto. ¿Cuál es el objetivo del presidente? ¿Seguir dividiendo al radicalismo y a la oposición? Eso lo viene fogoneando Leopoldo Moreau que quedará como un triste recuerdo en el radicalismo. Cuando fue candidato a presidente, hizo un papelón de padre y señor nuestro. Sacó la menor cantidad de votos de la historia. Cuando Ricardito fue candidato a presidente, en el 2011, llevó de candidato a gobernador a Francisco de Narváez que, ideológicamente, nunca fue muy distinto de Macri. Obtuvo el 11% de los votos contra el 54% de Cristina y dividió a la socialdemocracia porque Hermes Binner fue separado y consiguió el segundo puesto con casi el 17 % de los sufragios.
¿Entonces porque lo eligió Alberto? ¿Por qué Ricardito es un pensador innovador de la política que escribió varios libros de ensayos sobre la caída de las certezas o la fragilidad de las democracias o acerca de las nuevas formas de la comunicación política? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque tiene un armado organizativo que moviliza y convoca a multitudes? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque su carisma y su discurso enamoran desde los medios de comunicación? No. De ninguna manera.
Entonces, ¿Por qué lo eligió? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. Anoche Luis Juez dijo por televisión que le parecía un espanto la decisión de Ricardito y que era algo horrible que “los perjudicaba a todos”.
El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.