La democracia estudiantil – 21 de septiembre 2018

Hoy es el día del estudiante y de la primavera. Tienen mucho que ver una cosa con la otra. Porque primavera significa “primeros brotes” y los que estudian, en todos los niveles, también son los brotes esperanzados de que en el futuro ayuden a hacer florecer una sociedad más igualitaria y menos autoritaria.
Muchos dedican este día a la música, al baile, a enamorarse de la naturaleza y no solo de la naturaleza. Y está muy bien que celebren la vida y las hormonas que explotan en sus cuerpos jóvenes.
Pero hay otros estudiantes que son militantes y eso también me parece muy bien porque la universidad o los últimos años de secundario, son una suerte de incubadora de grandes dirigentes políticos, sociales, o empresariales. En los claustros se van forjando los futuros líderes de la comunidad. Ahí encuentran sus vocaciones, sus ideologías y su manera de ser un mejor ciudadano tratando de aportar a la construcción de un país mejor.
Por eso siempre aliento la participación de la mayor cantidad de gente. Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Y la participación tienen diversos niveles que cada persona puede elegir con toda libertad. Participar poco, con mensajes en las redes sociales o con llamados a las radios y alguna que otra marcha o concentración, participar un poco más, sumando su pensamiento y su presencia en las asambleas y reuniones donde se deciden cuestiones de su carrera o su trabajo y finalmente, el más alto grado de compromiso que es la militancia en un partido político, un gremio, un centro de estudiantes o en una organización vecinal o social.
Cada ciudadano puede elegir. Nadie está obligado a nada. Democracia es hacer lo que cada uno quiera, siempre dentro de la ley. Pero si no vamos a la reunión de consorcio o a la convocatoria para padres en el colegio, por ejemplo, no tenemos derecho al pataleo de lo que allí se resuelva. ¿Se entiende? Si el consorcio elige por mayoría pintar de verde el frente del edificio hay que bancársela. Supongamos que son 30 los propietarios de departamentos y a la asamblea solo fueron 15 y 12 votaron por pintar de verde, no hay mucho más que decir. Pongo un ejemplo muy sencillo para evidenciar el mecanismo. En los colegios secundarios y las universidades pasa algo parecido pero con una mayor dimensión y repercusión en la vida pública. Vea lo que está pasando en el Nacional Buenos Aires y en el Carlos Pellegrini. Grupos minoritarios, por lo general ligados al trotskismo y al kirchnerismo, resuelven tomas del edificio y pierden días de clase fundamentales para la educación. Ambos establecimientos tenían hasta hace pocos años fama de excelencia. Ante la ausencia masiva de estudiantes, los grupos más radicalizados plantean cuestiones cada vez alejadas de la mayoría de los estudiantes y toman decisiones por todo el alumnado. Se llenan la boca defendiendo la educación pública pero con tanto deterioro que produce su militancia sectaria, muchísimos padres optan por mandar a sus hijos a colegios privados o parroquiales.
Ellos dicen que “la asamblea es soberana en sus decisiones”. Está bien y es democrático que las mayorías decidan pero hay una trampa que se repite en muchos lugares: va tan poca gente a las asambleas, participan tan poco, que los pocos que participan imponen sus ideas jurásicas y provocadoras. Los chicos perdieron casi el 50% de los días de clase. Los militantes blindados se sienten orgullosos. Pero a quienes deberían representar, sus compañeros de estudios, tienen una bronca de padre y señor nuestro porque no aprendieron todo lo que tenían que aprender y porque es probable que extiendan los días de clase y avancen sobre el mes de diciembre. “Lo decidió la asamblea”, dicen respecto de una toma, por ejemplo. Pero no dicen que de la totalidad de los alumnos solo participó de esa asamblea, con suerte el 3 por ciento.
En la Facultad de Psicología, tomaron el edificio por tantos días que estaban a punto de perder el año. Hubo padres, alumnos y docentes que cansados de tanto infantilismo autoritario fueron a la puerta de la facultad a reclamar que abandonen la toma y que haya clases.
En mi querida Universidad de Córdoba se superaron todo los límites. Un grupo de anarquistas ligados a los falsos mapuches de Jones Huala, hace 24 días que tiene tomado el edificio del Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria. Ahí funcionan el rectorado, el centro informático de la universidad, un laboratorio científico y un comedor al que concurren alumnos y docentes que necesitan alimentarse con un precio módico porque son argentinos a los que no les sobra la plata y están empecinados en recibirse o en dar clases como corresponde.
Los okupas del edificio duermen en ese lugar, usan las instalaciones sanitarias y no las limpian y se adueñaron de todo al punto de que piden documentos y credenciales para no dejar entrar a nadie extraño a su grupito presuntamente vanguardista y esclarecido. Una verdadera locura. La administración de la Universidad de Córdoba está paralizada porque sus oficinas están ocupadas. Los que se reciben no pueden aspirar a sus diplomas porque nadie puede trabajar en esa tarea, el comedor está con graves dificultades económicas porque hace más de tres semanas que no trabaja. Y los ocupantes violentos no quieren salir. Se sienten los dueños de la universidad y los dueños de la verdad. En su pliego de condiciones utilizan el lenguaje presuntamente inclusivo que apela a la letra “e”. Le hablan a los “decanes” de las “distintes facultades” y piden por las “alumnes embarazades” y en contra de la “entregue al FMI”. Un delirio total que se completa cuando le doy las cifras. Dicen que esta toma la resolvió en forma soberana la asamblea. ¿Sabe cuántas personas participaron de esa asamblea? 300. ¿Sabe cuántos están en la toma? 50 estudiantes. Y lo más grave: lo hacen en nombre del estudiantado de Córdoba. ¿Sabe cuántos alumnos tienen la gloriosa y prestigiosa universidad de Córdoba? 130 mil. Es decir que el 0,04% de los estudiantes universitarios cordobeses tienen paralizados semejante institución.
Los estudiantes que responden en parte a la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y la Franja Morada ligada al radicalismo, hicieron una sentada pacífica para demostrar que son mayoría los que quieren que todo se normalice de una buena vez. Hubo tensión entre ambos grupos, insultos y por suerte la sangre no llegó al rio.
La policía no interviene para hacer cesar ese acto ilegal y para sacarlos, porque el rector Hugo Juri teme que los estudiantes aprovechen eso para victimizarse y encender la chispa de un incendio mayor denunciando la represión del fascismo y la oligarquía. Sería cómico si no fuera trágico. Es burdo y ridículo. Degrada las palabras política, militancia y democracia.
Los dirigentes deben representar con dignidad y honradez las demandas mayoritarias y genuinas de los estudiantes. No sus propios dogmatismos ideológicos que en las elecciones nacionales no sacan ni el uno por ciento de los votos. Son muy poco representativos.
Y los estudiantes deben participar en mayor medida para evitar que las minorías intensas, los militantistas de 24 horas, se atribuyan una representatividad que no tienen.
Pasa lo mismo en muchas elecciones de centros de estudiantes o en sindicatos. Vota muy poca gente y por eso ganan las propuestas más delirantes y con ideologitis, es decir con la inflamación de la ideología. La participación es el mejor combustible de la democracia. Nos permite hacer valer nuestro punto de vista. Y evita que los extremistas del pensamiento y algunas veces de la violencia, ocupen lugares que no les pertenecen. La política es ganarse la voluntad de la gente para conducirla con las mejores propuestas y no imponerles de prepo la agitación irreal de los comisarios políticos. Esa es la democracia. Y esa es la democracia estudiantil.

Giorgi, nuestra joya – 20 de septiembre 2018

Hoy es el cumpleaños de la joya. Ella dijo que es la Mascherano de Leuco, pero yo creo que es nuestra nave insignia. Marcela Giorgi, como dice su cortina musical, te está esperando, nos va alcanzando la luz del día, que todo lo malo lo va borrando nuestra alegría.
Y esa es la verdad. Todo lo malo lo va borrando nuestra alegría que en esta radio y a esta hora se llama Marcela Giorgi.
Me gusta tirar paredes con ella. Siempre la devuelve redonda y al pié. Marcela es una profesional extraordinaria. Sabe todo lo que hay que saber de este maravilloso oficio de ponerle su voz al micrófono de la vida.
Yo le digo fíjese Marcela Giorgi la hora que se ha hecho y nosotros hablando tantas pavadas y ella anuncia la hora y las noticias. Es una pavada pero me divierte. Un guiño a los oyentes que en la calle me repiten el latiguillo.
Es un poco traidora porque hay dos pasiones que la pueden: el golf y la música. Cuando reemplaza a María Isabel Sánchez en el programa de Longobardi hablan de golf como habla de fútbol conmigo. Y no me extraña ni un poquito. Me da celos. Y en los desafíos musicales, la tana de Lanús, la mina de barrio, la rolinga de flequillo y zapatillas, suele votar los temas elitistas que elige Federico Andahasi, el que vive en la torre de marfil y solo consume caviar y Mozart.
Sigo con Carlos Rivera. Dejame que encienda/ una esperanza en tu sonrisa y en un abrazo encuentres libertad.
Sabes que allá afuera
el mundo corre tan de prisa,
la gente se ha olvidado de soñar.
Es que todo lo bueno llega para recordarnos que lo vivido valió la pena.
Y ese es el valor de celebrar el cumpleaños. Recordar que lo vivido valió la pena y que mañana es un día nuevo y que hay mucho por andar, diría Lerner. Las estadísticas demuestras que los que más cumpleaños festejan son los que más tiempo viven.
Marcela es una trabajadora incansable. Se pasa horas y horas frente al micrófono y su buena onda no decae. Retroceder nunca, rendirse jamás. Le sobran pilas.
En julio del 2015, hace más de tres años, yo le dije que el corazón de este programa y esta radio latía de alegría porque Marcela había ganado el Martin Fierro a la mejor locutora. Y fue muy merecido. Porque es claramente la mejor. La gran locutora nacional nos emocionó hasta las lágrimas.
Primero porque Marcela es el alma de la radio. Ama este trabajo, lo disfruta, lo saborea. Se enciende la luz roja y a ella se le encienden todas las luces.
Tiene un humor maravilloso y una sensibilidad especial para saber cuándo algo es noticia y merece un tono grave y cuando algo es entretenimiento y se corresponde con sus maravillosas imitaciones cargadas de ironía y talento. “Reflexionemos, no escuchen más a Lanata”, dice imitando a la perfección a Diana Conti y todos nos morimos de risa para renacer en la tanda o el chivo en forma de PNT. Es capaz de decir “salareo o empresareo”, como dice Cristina y cambiar el rumbo del programa. Mete un cambio de frente de 50 metros. Estalla su carisma. Le da ritmo con su garganta. Marcela Giorgi es un animal de radio. Una pantera. Siempre está al acecho. Y cuando la tiene frente al arco, no perdona. Ese Independiente, rey de copas, la motiva y por eso siempre canta victoria. No falla nunca. Es muy difícil que ella tire afuera algún pié o una oportunidad de generar un clima, un momento de radio. En general es gol. Y estalla la tribuna virtual de radio Mitre. Y se abrazan con ella los Bochini y los Bertoni y su amado Kum Agüero. A veces le gustaría que venga a abrazarla Ricky Martin y dar la batalla por convencerlo.
Aquel día del Martin Fierro su querido viejo estába mitad herido y mitad feliz. Con el corazón partido entre el desagarro de haber perdido a su compañera de toda la vida y la alegría por la consagración de su hija. Y Marcela estába igualmente quebrada. ¿Cuánto hubiera dado por entregarle esa estatuilla tan preciada a su vieja tan querida? ¿Cuánta picardía de ese Lanus que la contiene y la celebra le da identidad a Marcela Giorgi?. Tiene algo que muchos quieren pero pocos logran. Identidad. Personalidad. Estilo. Uno recorre las radio en el zapping del auto y si está Marcela al aire, sabe de inmediato que llegó a radio Mitre. Ella es la radio. Igual que sus locutoras amigas del alma, que esas diosas que dicen la temperatura y sostienen todas las batallas periodísticas. La Giorgi, la Negra, la Tana es la heredera de aquellas voces emblemáticas de la radio. De Rina Morán, por ejemplo. Es popular y graciosa. Es sensible y precisa. Nadie sabe más que el conductor de un programa lo que significa tener a Marcela Giorgi sentada al lado. Es un cimiento alrededor del que se puede edificar un espacio de radio. Ella es la estructura de granito. Sin locutora no hay radio. Sin Marcela Giorgi no hay “Le doy mi palabra”. Se pueden intentar miles de audacias con ella. Se puede confiar en su sabiduría laboral.
Le han pasado cosas muy duras a lo largo de su vida. Pérdidas irreparables, amores frustrados, miedos y angustias como a todos. Pero cuando el programa empieza, ella sube al escenario o sale a la cancha convencida del triunfo. Tiene la radio en su garganta y en sus entrañas. Siempre va al frente y no arruga nunca. ¿Qué más puede pedir un periodista como yo que valora este equipo de los sueños, este verdadero dream team como le vengo diciendo desde el comienzo?
Marcela anda a los saltos con las sonrisas y con sus botas de kangoo jump y el cuidado de las curvas de su cuerpo. Patrulla las redes sociales buscando chismes y noticias. Me sostiene cuando tengo un tropezón para que no sea caída. Cuando cometo un furcio y nos reímos, o cuando no me acuerdo como sigue la película. Marcela siempre está. Le recuerda a los oyentes como pueden ayudarnos a construir el programa, para armar ese ida y vuelta tan mágico de la radio. Me reta porque digo Class o quiero un cafecito sin azúcar. Y hasta me recomienda el mejor colchón.
Será cursi para algunos o pareceremos medio antiguos, pero aquí en este programa, festejamos los cumpleaños. Humildemente hay torta con velitas y todo. Las velas según los historiadores son para espantar a los malos espíritus y para iluminar el camino que viene. Hacemos regalitos, brindamos por la felicidad de compartir el aniversario del nacimiento de Marcelita. Ella sopla las velas y pide los tres deseos que no se los tiene que decir a nadie. Y nosotros cantamos, cantamos y desentonamos el maravilloso deseo de que los cumplas feliz. Es el recuerdo de un año más de vida, de lo más sagrado que tenemos.
Todos la quieren porque nunca te deja en banda. Hoy cumple años la joya. Que los cumplas feliz, Marcela.

Grabois echa nafta al fuego – 19 de septiembre 2018

Nadie ignora la grave situación económica por la que están pasando muchísimos argentinos. La pobreza, la indigencia y la exclusión son una llaga abierta en el corazón de la sociedad. Y eso nos atormenta a todos.
Esto es indiscutible. Pero frente a esa realidad hay dos formas de actuar. Intentar resolver esos dramas de la manera más racional, atendiendo las urgencias y las necesidades básicas, hasta que la economía vuelva a crecer y genere empleo genuino y mayor igualdad de oportunidades. O echar más nafta al fuego, potenciando los conflictos y llevando los enfrentamientos hasta el extremo de la violencia. Este es el camino que eligió Juan Grabois, un soldado del Papa y de Cristina. Ayer, por la mañana, por segunda vez consecutiva, Grabois acompañó a Cristina en su declaración en los tribunales. Nuevamente, fue con el ex embajador en el Vaticano, Eduardo Valdes, un lobista de gran confianza con Bergoglio. Grabois es un hombre de fe. Y él cree en la honestidad de Cristina. Recita ese catecismo falso de que los poderosos la persiguen porque ella defiende a los pobres. Son falsedades grandes como el Vaticano. La nueva oligarquía argentina son los Kirchner y sus cómplices que se enriquecieron robando los dineros del pueblo trabajador.
Es incomprensible que pese a tantas evidencias y pruebas, Grabois siga defendiendo a ultra millonarios que están presos por ladrones. Anoche se sumó a una protesta violenta y agresiva de vendedores ambulantes senegaleses. Cuando la policía quiso encauzar y pacificar esos reclamos, los muchachos reaccionaron con actitudes provocativas. “Atentado y resistencia a la autoridad”, dijo la justicia para apresar a varios de los participantes. Una aclaración: tengo una simpatía especial y una solidaridad innata por todos los inmigrantes que tratan de buscar una forma digna de ganarse la vida en cualquier parte del mundo. Pero entiendo que una sociedad debe respetar sus normas para que esto no sea la ley de la selva. Los manteros senegaleses tienen derecho a ganarse el pan con el sudor de su frente. Pero perjudican fuertemente a los pequeños bolichitos de Constitución que venden chucherías para sobrevivir. Como los comerciantes pagan impuestos y cargas sociales y luz y gas, etcétera son víctimas de una competencia desleal que los obliga a despedir a trabajadores en blanco. ¿Se entiende? Los senegaleses que son abastecidos de mercadería trucha o de contrabando por verdaderas mafias que se enriquecen con esa explotación flagrante, provocan que otros trabajadores se queden en la calle. Por eso hay que ordenar y regularizar todo eso. Nadie los persigue por su color de piel o por ser extranjeros. Los sufridos senegaleses no perjudican a los grandes grupos económicos. Castigan, tal vez sin querer, a otros trabajadores a los que también hay que proteger.
Después de ser detenido Grabois montó el show del líder revolucionario reprimido. Su discurso jurásico y muy poco representativo, cuando fue liberado horas después, fue el siguiente: “el gobierno creó un clima de odio y persecución contra los trabajadores y los humildes. Está volviendo el fascismo y la xenofobia”. Insisto con el tema: Grabois solo piensa en los trabajadores senegaleses o su propia instalación como dirigente y no en los empleados de los pequeños comercios de Constitución.
Como si esto fuera poco, en los últimos días y por razones más desestabilizadoras que por reclamos genuinos, se vienen sucediendo tomas de edificios como en la AFIP, o ayer en el ministerio de Economía bonaerense o delirantes como en la facultad de Psicología o en Telam o directamente escraches y agresiones violentas a funcionarios como le pasó al ministro de Educación de la provincia.
Ojo con esto. Hay una situación social delicada y explosiva. Que nadie encienda la mecha. Hace sólo diez días una referente de estos sectores como Hebe Bonafini dijo lo siguiente: Hay que parar el país hasta que estos digan basta. Los funcionarios nacionales son cínicos, mentirosos, asesinos y dictadores. Los militares tardaron casi 7 años en hacer lo que este hizo en dos años. ¿Es o no una dictadura? ¿Son o no unos asesinos”. Una Bonafini auténtica. Golpista e irracional.
Se supone que la militancia cristiana de Juan Grabois debería llevar propuestas de diálogo y paz y no antorchas para que todo vuele por los aires.
El gobierno nacional en general pero Carolina Stanley en particular entregan verdaderas fortunas a Grabois y el resto de los piqueteros que tienen al Papa como referente. A esta altura no han conseguido que esos aportes contribuyan a la paz social y disminuyan los cortes de calles y ruta que ocurren casi todos los días. Es decir que el gobierno pone mucho y no saca nada. Gran parte del dinero que el gobierno les entrega es utilizado para sostener el aparato movilizador, los colectivos, las banderas, y no para fomentar proyectos productivos cooperativos para paliar el hambre de esa gente.
Es un tema a revisar. Tal vez convenga que los intendentes, que tienen la representación popular del voto, sean los encargados de repartir esa asistencia absolutamente necesaria. Los intermediarios toman de rehenes a los pobres, los convierten en clientes y los utilizan para sus fines políticos. De hecho ahora Grabois lanzó una agrupación con la que pretende competir en las elecciones como un vagón de cola de esa potente locomotora llamada Cristina Fernández de Kirchner.
No es razonable que el gobierno de Macri financie a los grupos que apuestan al caos social y a su derrocamiento. No debe dejar de atender a los que más necesitan. Pero debe buscar un mecanismo que permita que esa catarata de dinero llegue en forma directa a los más humildes sin pedirles nada a cambio. O mejor dicho, con el único compromiso de que manden a sus hijos a la escuela y se capaciten en algún oficio.
En enero, yo le conté que hasta hace poco Juan Grabois era asesor de Francisco en el Consejo Pontificio de Justicia y Paz.
Es abogado defensor de Milagro Sala, de Luis D’Elia y dice que el “vicio del gobierno de Macri” es la violencia y que por eso persiguen a “Cristina y su familia”.
Asegurar que Milagro Sala y Cristina son dos perseguidas políticas es ignorar o no querer mirar los bolsos llenos de dinero, las megacoimas, el enriquecimiento ilícito y el saqueo al estado que lideró la ex presidenta mediante una asociación ilícita, tal como la acusa la justicia en varias causas.
Lo más grave de sus declaraciones recientes fue comparar al presidente Mauricio Macri con Fernando de la Rúa. No se sabe si fue un análisis o una expresión de deseo. Igual que cuando dice que hay un futuro negro y muy complicado en la Argentina.
Yo defino a Grabois como un peronista kirchnerista, chavista y papista pero en la revista de la Universidad de San Martin lo caracterizaron como “de formación marxista con influencias católica y peronista”.
Su capacidad de convocatoria a las marchas es apenas modesta pero su estrecha amistad con el Papa Francisco y el obispo Marcelo Sánchez Sorondo le otorga un poder celestial. Es un aliado de Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita y ex integrante de Montoneros y Quebracho. Es hijo de Roberto “Pajarito” Grabois, fundador del FEN, Frente de Estudiantes Nacionales, cuadro destacado de Guardia de Hierro, organización del peronismo de derecha, enemiga de Montoneros.Nace una estrella en el firmamento combativo aunque junta muy pocos votos. Se llama Juan Grabois. Ayer por la mañana fue guarda espaldas ideológico de Cristina y a la tarde tiró nafta sobre un conflicto que necesita serenidad y diálogo. Eso sí, siempre junto al Papa. A Dios rogando y con el mazo dando.