¿Quién es el culpable del asesinato del policía? – 29 de septiembre 2020

Con el duelo nacional, no alcanza, señor Presidente. Con la bandera a media asta, no alcanza, señor Presidente. Con sus condolencias a la familia por las redes sociales, no alcanza, señor presidente. Hay que tomar las medidas necesarias para que esto, no ocurra nunca más.
Rodrigo Roza, un desquiciado, le clavó varias puñaladas al agente, Juan Pablo Roldán y una de ellas, fue directo al corazón. El valiente inspector de la policía montada de la federal, tenía 34 años y puso el cuerpo para proteger a muchas personas que estaban tomando café en la zona del Malba. Trató de calmarlo y avanzó. Y minutos después, se desangró y falleció en el sanatorio Mater Dei, que está a media cuadra.
El culpable de ese terrible crimen es Rodrigo Roza, está claro. Lo vimos en las cámaras de seguridad. Una persona que fue escolta de la bandera en el colegio San Miguel, muy tímido, que un día se volvió loco. Dicen sus amigos que dejó de tomar la medicación por tres días y los demonios se apoderaron de su mente. Y que la cuarentena lo tenía muy angustiado. No hay dudas, el culpable del homicidio es Rodrigo Roza. Pero los responsables son otros. El periodista Alvaro Vargas Llosa, el hijo de Mario, los identificó en su libro: “Manual del perfecto idiota Latinoamericano”. Es una radiografía del falso progresismo jurásico que sobreactúa su fobia a los uniformados en los que ve siempre a un dictador. Argentina está llena de este tipo de idiotas que se quedaron en los setenta y que son capaces de mirar al policía honesto que nos protege y ver a Jorge Rafael Videla. Todavía no entienden que los más pobres son los que más sufren la inseguridad y a delincuencia. En sus barrios humildes tienen que pagar peaje a los narcos y a los chorros para poder ir a la escuela o a trabajar. No tienen recursos para refugiarse ni en la seguridad privada de los vigiladores, ni tras las rejas o las cámaras. No tienen autos con vidrios polarizados. Las madres, todos los días sufren porque a sus hijos les roban la mochila, las zapatillas o los invitan a convertirse en soldaditos de la droga y ganar la plata fácil. Esos sí que están en contra de la meritocracia. Sin embargo en este cuarto gobierno kirchnerista está lleno de este tipo de imbéciles que creen que ser revolucionario es abrir las cárceles para soltar delincuentes peligrosos y no darles ni cinco de bola a los ciudadanos honrados que sufren los delitos. Siempre están del lado de los victimarios y nunca de lado de las víctimas. Entre los intelectuales, también está lleno de estos hijos putativos de Eugenio Zaffaroni. Compraron esa falsa postura garantista que defiende a los que violan la ley porque dicen que son productos de la injusticia del sistema capitalista y que no tienen la culpa de eso. Una burrada peligrosa que instaló en nuestro país el vale todo para los delincuentes y la sospecha permanente para los policías. Me gustaría que observaran que les hacen a los que roban, violan o matan en Cuba, Venezuela o en Rusia.
Por supuesto que yo no propongo ni la mano dura ni el gatillo fácil ni la pena de muerte. Soy una persona democrática y humanista que quiere seguridad para todos los habitantes del suelo patrio. Pero la verdad es que con ese veneno presuntamente progre, que inocularon en cierta pequeña burguesía, empoderaron al delincuente que tenga mano dura, gatillo fácil y que mate policías como ocurrió ayer. La pena de muerte ya existe en la Argentina de los Kirchner. Pero es contra los policías y la ejecutan los criminales.
Los concejales del kirchnerismo porteño y mucha militancia floja de papeles, logró que no se aprobara el uso de las pistolas Taser que son una gran solución. No quieren entender porque están ciegos por su inflamación ideológica. Es mucho mejor que un sacudón eléctrico saque de combate por un rato al delincuente, que el disparo de una pistola 9 milímetros. La Taser es a favor de todos. De los ciudadanos que van a tener más seguridad. De los policías que no tienen que matar a nadie y hasta de los delincuentes, que van a ser apresados y reducidos pero que no recibirán un tiro. ¿Es tan difícil de entender? Son tan fanáticos y talibanes que no registran que 300 policías del mundo la utilizan con éxito. Con una Taser hoy Juan Pablo Roldán, hoy estaría vivo. Y Rodrigo Roza en un sanatorio donde le suministrarían su medicación para estabilizarlo. Estos reaccionarios y retrógrados que se creen de izquierda, hablan de preservar la vida y hacen lo contrario. Con la Taser se hubieran cuidado las dos vidas. La de Roldán y la de Roza.
El Cartel de Zaffaroni, Verbitsky y demás, estigmatizó tanto a la policía que ahora, no actúan. Te lo dicen todos. Bajan los brazos porque si hacen algo los castigan. Miran para otro lado y dejan que el delito siga su curso. Para disparar su arma lo piensan 100 veces porque van directo al sumario, a la exoneración y tal vez a la cárcel. Para estos defensores de los derechos humanos solo de los victimarios, la policía siempre dispara por la espalda o le planta droga a los narcos. Siempre salvan a los malandras y pistoleros y sospechan de los policías. En ningún lugar del mundo, todavía nadie inventó nada para darle paz y tranquilidad a las familias, que no sean las fuerzas de seguridad.
Roldán expuso su vida por temor a ser castigado por el poder político. Tardo en sacar su arma por temor a la sanción. Sus compañeros policías hicieron lo mismo. Vieron a Roza con un cuchillo y no atinaron a dispararle al agresor enloquecido. Roldán tiró dos veces al aire para disuadirlo y tampoco resultó.
Eso han logrado estos imbéciles que defienden a los criminales hasta que les pasa algo a ellos.
Yo condenaría a Zaffaroni, a Alberto Fernández, a Verbitsky a que pasen todo el día con Elba y Carolina y escuchen sus desgarros y sus llantos. Tienen un agujero negro en el alma y los ojos secos de tanto llorar lágrimas de luto. Elba es la madre de Juan Roldán. Dice que a los presos les dan planes y todo tipo de beneficio y que a los policías no le dan ni derechos y que ganan un sueldo miserable. Lo sabe por experiencia porque su esposo, el padre de Juan también fue policía. Viven en una casa sencilla en Saavedra.
Carolina es la esposa de Juan y la madre de su hijito de 4 años. Es colombiana y amaba a su esposo. Dice que Juan Pablo, era honesto, buen compañero y valiente. Hacía adicionales todo el tiempo para que no les faltara nada a ella y a su hijito del alma. Casi no dormía para cumplir con sus guardias y trabajos. Solo quería que su hijo fuera feliz. Lo amaba con locura. “Cuando le quise decir la verdad al nene, pobrecito, el nene, se tapaba los oídos con las manos y me decía llorando: “Ya se mami, a Papa lo mataron. Lo vi en la tele. Ya se mami. A Papa lo mataron”. Ese fue el testimonio terrible de Carolina.
Los camaradas de Roldán, dicen que si hubieran disparado, ellos estarían presos. La ley castiga rápido y muy duro a los policías que nos protegen y libera urgente a los delincuentes que nos atacan. Se lo debemos a “todos los Zaffaronis” que se sienten superiores morales a nosotros. Argentina va a contramano del mundo y del sentido común.
Alejandro Fargosi dijo que a Roldán lo mataron los delincuentes que se niegan a entregar pistolas Taser a la policía. Hebe de Bonafini llegó a decir que era como darle picanas.
Juan Roldán entregó su vida como un acto de servicio hacia los demás. Estaba en la garita de la Policía montada a media cuadra del lugar y siguió a Roza para cuidar a los transeúntes o a los que estaban sentados en la vereda. No era su obligación, pero Juan se sentía un policía a toda hora. Incluso cuando estaba de franco.
En mayo del 2019, el ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, autorizó el uso de armas electrónicas no letales para las fuerzas federales. En diciembre de 2019, la ministra Sabina Fréderic, casi lo primero que hizo fue derogar ese permiso tan necesario. Son armas que no matan. Que no generan lesiones. No dispara balas. Inmovilizan al atacante. Pero no entienden o no quieren entender. Estos negacionistas dicen que son instrumentos de tortura. Los expertos del mundo han demostrado que a menos de 7 metros de distancia un cuchillo o una navaja, es más letal que un arma de fuego. Y eso lo que pasó.
Viven en una nube de falsedades y se creen vanguardia de la revolución. La ministra y el Presidente deberían ir junto a Zaffaroni y Verbitsky a contener y a escuchar a Elba y Carolina, la madre y la esposa de Juan Pablo Roldan. Ellas le van a decir todo lo que tienen que hacer para que esto no se repita. Sobre todo para eliminar la pena de muerte que ya existe en la Argentina. Es la que ejecutan los delincuentes.
Quien quiera oír que oiga. Con el duelo nacional, no alcanza, señor presidente.

Kicillof y los muertos ocultos – 28 de septiembre 2020

Le confieso que siento vergüenza ajena y mucha indignación por la manera en que el ministro Daniel Gollán y su lugarteniente, Nicolás Kreplak, quisieron disfrazar la aparición de 3.523 fallecidos que no habían registrado. Fue realmente un escándalo. Por la información tan macabra y por la forma en que la presentaron, como si fuera un logro revolucionario del gobierno de Axel Kicillof. No tienen estómago ni escrúpulos. Vaciaron de contenido el hallazgo de más de 3.500 cadáveres que estaban ocultos en su burocracia e incapacidad de gestión. Armaron un relato mentiroso e intentaron instalar la idea de que estaban presentando “una nueva herramienta que permitió la recategorización de algunos casos”. Me detengo un segundo. “Recategorización”, es una palabra que no existe en el diccionario. Y no existe en la realidad. Es un término tan frío y tan impersonal como una planilla de Excel. ¿O no se dieron cuenta que los muertos son seres humanos? Debieron reconocer que fracasaron en todo el manejo sanitario y que despertaron serias sospechas con la manipulación de la información sanitaria. Huyeron hacia adelante y poco menos que reclamaron aplausos y medallas.
Es insólito. La realidad es la única verdad: se les hizo una bola de nieve y tuvieron que admitir que había 3.523 muertos más de lo que venían reconociendo.
Y esto confirma todas las sospechas que existían respecto del manoseo de los datos, según su conveniencia política. Esta mentira organizada fue parte de la lucha permanente del cristinismo por demostrar que la ciudad de Horacio Rodríguez Larreta es una porquería y que la provincia de Axel Kicillof es una maravilla. Pero no se puede tapar el sol con las manos. Empezaron a aparecer en las redes muchas denuncias al respecto y se vieron obligados a decir la verdad. Pero como hacen siempre, maquillaron el descalabro de su administración e intentaron convertirlo en un avance notable.
Kicillof, incluso se quiso mostrar generoso y dijo que estaban dispuestos a “colaborar con la ciudad y con todas las provincias que quieran mostrar las estadísticas de la pandemia”.
Por eso las reacciones fueron tan contundentes. Los bloques parlamentarios provinciales de Juntos por el Cambio, responsabilizaron al “chiquito” como lo definió Cristina en su momento, por “ser un irresponsable que confió la gestión a funcionarios de dudosa profesionalidad”.
Pidieron la interpelación de Gollán por el evidente ocultamiento de la información pública” y aseguraron que fue “en gran parte para hostigar a Horacio Rodríguez Larreta en forma irracional. Basta de improvisación y mentiras”.
La diputada Graciela Ocaña, recordó que Kicillof, cuando era ministro de Economía, no quiso medir la pobreza para no estigmatizar a los que la padecían ¿Se acuerda? “Axel escondió a los pobres y ahora, a los muertos, concluyó Ocaña. Demoledor.
El colega Osvaldo Bazán en Twitter escribió que “Scioli escondió 200 muertos y Axel 3.550. Volvieron mejores”.
A esta altura parece que Kicillof va a superar a Daniel Scioli no solamente en esto. También en ser el peor gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tiene la provincia detonada por donde se la mire.
De hecho, después de anunciar los 3.500 muertos que estaban ocultos, solo recibió el apoyo de Máximo Kirchner, el príncipe heredero.
Pareció premonitorio lo que declaró Luis Juez la semana pasada por televisión. Dijo que todos los políticos tenían algún muerto en el placar. Pero que este gobierno tenía una morgue. No lo dijo por este tema de Buenos Aires. Pero encaja como anillo al dedo.
Adolfo Rubinstein, el ex ministro de Salud, tampoco dejó pasar las falsedades de Gollán y Kreplak: “Es inadmisible esta falta de transparencia frente al fracaso del gobierno. Tratan de convertir en gesta épica lo que es impericia”.
Pero lo más terrible fue la ironía de Jorge Lanata en su programa de anoche. Los responsables de la salud bonaerense habían buscado dos justificaciones y culpables para no quedar tan expuestos ni tan solos. Primero dijeron que en muchos países del mundo existe este mismo problema de los errores a la hora de cargar los datos de los fallecidos. Entre otros países pusieron como ejemplo a Chile. Víctor Hugo Morales, hizo suyo ese argumento para defender lo indefendible y Lanata lo dejó en ridículo. Porque demostró que en Chile, frente al mismo inconveniente, la solución fue la renuncia del ministro, Jaime Mañalich. Y Lanata, se preguntó si Tor Hugo iba a apoyar el pedido de renuncia de Gollán que hicieron varios opositores.
Pero en este gobierno, por ahora, nadie renuncia, ni es reemplazado por su mala praxis. Por ahora, todos siguen. Y digo por ahora porque en cualquier momento se viene una gran limpieza en el gabinete nacional que está lleno de inoperantes y mediocres. Gobierno de científicos, las pe…lucas.
Otro intento de sacar pecho en lugar de bajar la cabeza con humildad frente a las torpezas e irracionalidades cometidas, fue decir en boca de Kreplak que el resto de las provincias “tienen los mismos errores en el número de muertos”. Más de lo mismo: nuevamente acusan a otros para diluir sus propias metidas de pata. Este periodista está en condiciones de afirmar dos cosas.
Primero: ni Córdoba ni la ciudad de Buenos Aires tienen esa tremenda magnitud de errores. Son las dos provincias más grandes después de Buenos Aires y estuvieron más atentos, profesionales y eficientes y tienen pequeñas demoras en la carga de datos. Son gotas de agua al lado del océano de muertos que tuvo que confesar la gente de Kicillof.
Segundo: si son realmente honestos los funcionarios bonaerenses van a tener que blanquear que tienen otros horrores informativos. Los resultados de los PCR y la información de los laboratorios, tampoco es fidedigna ni actualizada. Hicieron todo a los ponchazos y así son los resultados que obtuvieron. Recuerde lo que le digo, en la cantidad de contagiados también hay inconsistencias muy serias. El ministro Gollán en su perfil de Twitter pone que primero es militante político y después médico sanitarista. No hacía falta que lo aclarara. Se nota. Lástima que no fue al ministerio del interior a hacer política y fue al de Salud donde se necesita gente capacitada y de excelencia. Militantes, sobran. Faltan científicos y expertos.
En un minuto anunciaron 12.566 muertos en lugar de 9.043 y no se les movió un músculo de la cara. Dieron vueltas, titubearon al hablar, utilizaron eufemismos, pero no pidieron disculpas ni presentaron la renuncia. Por el contrario, se exhibieron como líderes emancipadores y creadores de una metodología extraordinaria.
Axel y Gollán no están solos. Son los protegidos de Cristina. Pero a la hora de los escándalos y salvajadas de gestión están todos juntos. Ginés se cansó de decir inexactitudes y torpezas. Que solo era una gripecita, que estaba más preocupado por el dengue o que lo sorprendió que el virus llegara tan rápido.
Alberto Fernández igual. O peor porque es el presidente. Le dijo al cantante Residente que ya teníamos dominado al virus. Apenas habían pasado diez días de cuarentena y Alberto arremetió con su Sarasa.
El presidente, además, con sus tristemente célebres filminas, se cruzó con muchos países en comparaciones falsas. Con Suecia y con Chile, llegamos al papelón. Porque esos países están mejor que nosotros. Hoy tuvo que reconocer que “la pandemia dejó más muertos de los que creíamos”. La mesa nacional de Juntos por el Cambio le contestó que “la realidad habla por sí misma: la economía se destruye día a día y la salud, también”.
Y Santiago Cafiero llegó a decir en radio Mitre que “Imaginen lo que hubiera sido esta pandemia con Macri gobernando: una catástrofe. Nuestras medidas anticipatorias hicieron que no tuviéramos más muertos”.
Triunfalismo pavote. Y la verdad es que la actualidad es una catástrofe conducida con soberbia y un gran desconocimiento de la realidad. Demasiada altanería, poca gestión. Demasiada Cristina y excesivo autoritarismo. ¿O no se acuerda cuando Alberto habló de que si no lo entendíamos por las buenas, lo íbamos a entender por las malas?
Alberto y Axel argumentaron sus atropellos porque elegían la salud por sobre la economía. Hoy los datos disponibles, confirman que fracasaron en las dos.

Veinte años sin el Cuchi – 25 de septiembre 2020

Repudio estomacal y desprecio por la degradación. Eso es lo que sentimos ayer al terminar el programa. Si algo nos faltaba, a los argentinos en general y a los salteños en particular, es comprobar que en una honorable banca de diputados estaba sentado un sátrapa. Ya renunció Juan Ameri, el abusador, acosador sexual de menores, barra brava y dirigente del kirchnerismo salteño. El mundo se indignó por este caso y yo pensé en los humildes salteños de trabajo que sintieron vergüenza ajena por este malandra. Y tuve la necesidad de abrazar a tantos salteños honrados, dignos y trabajadores, que no merecen esta afrenta. Y pensé en homenajear a un salteño que los y nos enorgullece. Justo este domingo, se cumplen 20 años de la muerte de uno de los más grandes artistas populares que dio nuestra bendita Argentina. Recuerdo que aquel día triste me pregunté donde iremos a parar si se apaga el Chuchi Leguizamón, como Balderrama.
Yo estoy construido de varios materiales, como todo el mundo. Uno de ellos son las peñas de la Córdoba combativa de los 70 y los festivales de folclore de Cosquín.
El Cuchi nos honró el alma y nos llenó nuestras neuronas con su talento de bagualas y lamentos. Todavía nos sentimos un poco huérfanos del Cuchi. Pero por suerte está su obra y sigue brillando. Fue el que provocaba a los conservadores de toda laya con su filosa ironía. Nos despertaba con sus sonoras carcajadas endiabladas, como sus ojos, como las aristas de su cara y su barba.
El Cuchi fue uno de los defensores del pobrerío salteño. Era un duende genial que aparecía mágicamente donde se lo necesitaba. Un aristócrata pariente del general Arenales y bisnieto de una criolla que luchó al lado de los corajudos y las corajudas de Martín Miguel de Güemes.
El Cuchi fue capaz de escribir “Chacarera del expediente” y burlarse de su propio oficio, y burlarse de todo.
Solo alguien de su dimensión eterna pudo crear esto…
El pobre que nunca tiene/ ni un peso p’andar contento/no bien se halla una gallina/ ya me lo meten preso./ El comisario ladino/ que oficia de diligente/ lo hace confesar a palos/ al preso y a sus parientes/ Y se pasan las semanas/engordando el expediente/ mientras el preso suspira/ por un doctor influyente/ Amalaya la justicia/ vidita los abogados/ cuando la ley nace sorda/ no la compone ni el diablo/ Esta son cosas del pueblo/de los que no tienen nada/esos que se hallan millones/ tienen la Casa Rosada.
Parece escrito hoy. Aquí aparece toda su rebeldía contra los funcionarios corruptos. Toda la mordacidad de alguien que pese a los antepasados de gran alcurnia jamás se olvidó de ser un ponchito protector de su gente. Para empezar nunca dejó de vivir en Salta. Ese fue su lugar en el mundo y su lugar en la vida y en la muerte. Lo enterraron en el cementerio Santa Cruz, regado por un torrontés que se toma lento y viene en damajuana. Dicen que camino al campo santo recitó con su voz cavernosa a modo de despedida que: “Si nada hay tras de la vida/ iré más allacito cantando/ cuando mi sombra florezca azul/ sus huellas se irán borrando.
Podemos quedarnos tranquilos porque no descansó en paz durante este tiempo de ausencia. El cielo lo estaba esperando para sumarse a una fiesta. El Mono Villegas le hizo un lugarcito en el piano universal del jazz maestro y Manuel Jota Castilla preparó el locro y las empanadas y muchas letras para musicalizar. El Cuchi se llevó una utopía. Alegrarle la vida a Dios por toda la eternidad. Ya lo había escrito cuando dijo:
Pobrecito Tata Dios/ siempre solito y ausente/ se moriría de aburrido/ si no fuera por la gente.
El Cuchi que yo canto, el que hoy le robamos al recuerdo, se fue satisfecho con una sonrisa de vino manso. Por sus armonías que todavía son modernas y transgresoras pero enraizadas a la tierra. Por sus melodías cultas y a la vez populares. Por su sabiduría en el piano y en los consejos. Siempre se llevó la vida por delante. Pateó todos los tableros y desvistió a todos los santos. Fue golpeteo sobre las mesas, madrugadas de seducción y de cuerpos.
Nadie pudo ni podrá domesticar al Cuchi. Siempre rompió todos los moldes y los dogmas. ¿O ustedes conocen a alguien más en el mundo que haya armado un concierto con las maravillosas campanas de Salta repicando y replicando? ¿O la sensata locura de diseñar una obra integral con los 18 sonidos que tienen los gases al escapar de las locomotoras? Hasta le sumó el silbato del tren y el ruido de la marcha sobre las vías. Los trenes del alma le marcaron la vida. Lo sacudían hasta las entrañas. No en vano se sentía orgullosamente hijo del jefe de la estación de tren de Cerrillos. Lo único que le faltó fue querer hacer una serenata con los aromas y los colores de Salta la linda.
No sabemos cómo ocupó sus días vacíos. El Cuchi iba tan a contramano de la pacatería y lo establecido que un día histórico decidió dirigir y arreglar a un dúo que revolucionó el folclore con su forma de cantar cruzado entre falsetes y abismos.
Llamó a Patricio Giménez y al Chacho Echenique y parió el Dúo Salteño, algo así como la máxima vanguardia de la música criolla de finales de los 60. Algo así como los Piazzolas de las vidalas y las zambas, algo así como los Beatles pero de acá.
Así andaba el Cuchi por la vida. Con un poncho rojo en el corazón, como si fuera el escudo protector de un gaucho de Güemes, como su bisabuela o como si fuese el mismísimo Martin Miguel de Güemes para defender a pura palabra y puro teclado las fronteras de nuestra cultura y de nuestra patria que no es lo mismo pero es igual.
Supo cantar en los coros universitarios, ser un profesor muy querido por sus alumnos por su forma campechana de enseñar historia o filosofía, un abogado penalista de los pobres y ausentes, un músico capaz de disfrutar de Los Fronterizos, de Vinicius de Moraes o de Bach y Beethoven a quien llamó con toda justicia : “el músico definitivo”.
Solía inflar su mejilla con el acullico permanente que le hace el aguante de coca a las noches que no encuentran el límite de la madrugada. Solía cocinar como el más experto de los criollos y con esa misma experiencia, sazonar musicalmente “La Cantata Popular de las Comidas” de Armando Tejada Gómez.
Dice la leyenda que nació con una quena en la cuna. Y que a los dos años ya tocaba el Barbero de Sevilla. Escuchaba con esa oreja prodigio a su padre cantar ópera todo el día o a su madre silbar a los pájaros para que acompañaran los vuelos del Cuchi.
Cuchi significa chancho en Quechua. De chiquito le pusieron ese apodo que en Salta habla de picardía y le quedó Cuchi para toda la vida y desde hace 20 años, para toda la muerte.
Tiene un solo disco producido por otro grande como Manolo Juárez. Se murió sin un peso para arreglar su piano oxidado. Dejó 4 hijos que llevan el apellido Leguizamón con la frente bien alta. Murió un día antes de cumplir 83 años.
Se pasó la vida desafiando lo previsible. Levantó polémicas a cada rato con su ingenio y sus definiciones para sorprender como si fuera un Borges de la música de Salta. Tenía una impronta borgiana de verdad, en su aspecto señorial y oligarca, en sus bibliotecas y laberintos armónicos que dinamitaban las rutinas. Y algo mágico que quiero contarle: compuso un tema en sociedad con Jorge Luis Borges. Se imagina: de Cuchi Leguizamón y Jorge Luis Borges un tema llamado; “No hay cosa como la muerte” .Dice en su último párrafo:
-No se aflija. En la memoria/ de los tiempos venideros/también nosotros seremos/los tauras y los primeros.
El ruin será generoso/y el flojo será valiente: No hay cosa como la muerte
para mejorar la gente.
Yo quiero convocarlos porque al igual que La Pomeña, yo sé que…
Viene en un caballo blanco/ la caja en sus manos tiembla/ y cuando se hunde en la noche/ es una dalia morena.
O como Maturana: No me cabe duda que el Cuchi, Dios lo tenga en la gloria y se divierta con él, andará rondando la tierra con toda su tierra adentro y en el vino que lo duerme, dormido llora su pago.
Nosotros también lo lloramos y lo extrañamos.
En el vino que lo duerme/ Dormido llora su pago.