Aníbal, el peor rostro del pasado – 21 de septiembre 2021

Lo más suave que se puede decir de
Aníbal Fernández es que la camioneta blanca en la que se movilizó para ir a la Casa Rosada, tiene deudas por infracciones de tránsito por 561.800 pesos. Pero, que le hace una mancha más al
tigre. La realidad indica que hay millones de argentinos que, en las encuestas, dicen que es uno de los argentinos con mayor desprestigio. Por más lenguaraz que sea, por más vivillo que se crea. Cada vez que se somete a las encuestas está en el podio de los más rechazados, incluso por los kirchneristas. Cada vez que se somete a elecciones pierde por escándalo. Hizo mucho mérito para eso.
Le doy solamente algunos ejemplos.
• En Alemania hay más pobres que en Argentina.
• La inseguridad es una sensación.
• Este es un país de paso de la droga.
• Aníbal Fernández: “Alberto es un traidor, se cagó en la amistad de Néstor”.
• Aníbal Fernández: “Alberto, cerrá el pico y andante a tu casa”.
• Alberto Fernández:” Aníbal es un energúmeno verbal”.
• Alberto Fernández:” Aníbal se disfrazó de progresista para agradar a la Cámpora”
• Pino Solanas: “Aníbal es el narco estado”.
• Hasta Felipe Sola y Daniel Arroyo que fueron ministros hasta hace un rato, lo vincularon a la droga en un spot de campaña cuyo jefe era Alberto Fernández.
Aníbal Domingo Fernández a los 64 años, ocupa su cargo número 21 en el estado. Aníbal fue funcionario de Carlos Ruckauf, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina y ahora, de Alberto. Pero es junto a Guillermo Moreno, Hugo Moyano y Luis D’Elía, uno de los cristinistas de peor imagen pública. Es un perdedor serial y por eso, pasó 6 años en el llano. Cayó derrotado por María Eugenia Vidal, por 5 puntos, con un record de corte de boleta en su contra. Perdió en 7 de las 8 secciones electorales, incluido en Quilmes, su patria chica, donde supo ser intendente. Fue caracterizado como el mariscal de la derrota al igual que Cristina porque ella lo designó.
Le digo más: completó el papelón, porque perdió la interna del justicialismo en Pinamar a manos del surfista Gregorio Estonga.
Un spot de Vidal le preguntaba a los bonaerenses con quien dejarían a sus hijos: si con Aníbal o con ella. Aníbal declaró que prefería dejar sus hijos con Ricardo Barreda, un múltiple femicida que asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992. Fue repudiado, hasta por sus propios compañeros como Facundo Moyano, Matías Lammens y el mismísimo Axel Kicillof. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, no emitió opinión.
Aumentó su volumen machirulo contra Elisa Carrió. Ella le había dicho a Jorge Lanata después de hacer denuncias sobre el asesinato de Nisman, pidió públicamente que “Milani no la matara” y que “Aníbal no la mandara a matar”. Fernández reclamó que mediquen o internen a Carrió que “está muy enferma” y finalizó su tuit agrediendo así: “Por su condición de sucia, ruego abstenerse, no tiene solución”.
El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, esta vez, tampoco emitió opinión. Imaginen el escándalo que se hubiera generado entre el feminismo K si algún legislador de Cambiemos tratara de sucia a Cristina.
Elisa Carrió lo definió ayer como un “monstruo desgastado” que es parte de todas las mafias y denunció que “retira la Gendarmería de la ciudad como parte de un pacto con los narcos”
Hace poco, para defender a Alberto del cumpleaños clandestino en Olivos llegó a decir: “Que podía hacer Alberto, ¿Cagar a trompadas a su mujer? El colectivo “Ni una menos”, bien gracias.
En su molento, Cristina ordenó demoler el prestigio de Nisman y matar nuevamente al muerto, pero esta vez con mentiras de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman.
Cuando lo designaron en Río Turbio,
Graciela Ocaña dijo que con Aníbal, se confirmó que volvió lo peor, los de la omertá, y apeló a la ironía: “Parece que para tener un cargo en este gobierno, tenes que tener antecedentes penales” y recordó que Aníbal tiene un procesamiento firme con elevación a juicio en una causa que inició ella: Fútbol para todos, donde la presidencia de Cristina le compró a la AFA, insólitamente los derechos de televisación del fútbol para recuperar “los goles que habían sido secuestrados”.
Pero los fuertes cuestionamientos no son solamente de la oposición. El actual presidente, Alberto y Aníbal, tuvieron encontronazos feroces que no entiendo, cómo pueden olvidar. Se tiraron munición de las más pesadas después de ser socios en el “Ministerio de la Intimidación a los que piensan distinto”. Algunos no se acuerdan pero los archivos dicen que Aníbal, como vocero de la presidenta le dijo lo peor: que Alberto se cagó en la amistad de Néstor Kirchner, que durmió en la cama de Máximo y comió en la mesa familiar y que ahora se la pasa criticando como si fuera Macaya Márquez. Le ordenó que cerrara el pico y se fuera a su casa como hace un caballero y que dejara tirar piedras de la vereda de enfrente.
Tanta ferocidad tuvo una respuesta en los mismos términos. Alberto le dijo “energúmeno verbal” que sufre complejo de inferioridad y le enrostró que ahora se disfrace de progresista para agradar a La Cámpora, y le recordó que cuando era intendente de Quilmes tuvo que salir escondido en el baúl de un auto.
¿Qué me cuenta?
Hay un documento histórico del 28 de julio del 2011. Una carta abierta publicada en La Nación en la que Aníbal repitiendo conceptos de Cristina, acusa a Alberto de ser un traidor, vocero de Héctor Magnetto, el CEO de Clarin y de las corporaciones.
Muchos no se acuerdan. Pero este era el tono de los palazos que se pegaban Alberto, Cristina y Aníbal. Hoy volvieron a ser todos compañeros y hacen borrón y cuenta nueva, aunque le siguen bajando el pulgar.
Aníbal se peleó incluso con su flamante compañero de gabinete, Julián Domínguez que denunció “fraude y una mano negra en la interna” que perdió con Aníbal quien le contestó con un tuit: “Aparte de traidor, idiota”. Insisto porque esta acusación tiene gran actualidad ahora que se vienen las elecciones del 14 de noviembre. El peronista Julián Domínguez actual ministro de Alberto acusó al peronista Aníbal Fernández, actual ministro de Alberto de fraude y mano negra en las elecciones. Teléfono para Juntos por el Cambio. Deberán fiscalizar y estar alertas como nunca.
Sin embargo, ayer los enemigos íntimos se abrazaron como si fueran hermanos y Aníbal explicó que si no lo tragara, no se abrazaría con él.
En síntesis: Perdieron por paliza las elecciones y volvieron peores. Los Fernández, en el poder, ahora son tres. Son el peor rostro del pasado.

¿Cristina, quiere que Alberto se vaya o se quiere ir ella? – 20 de septiembre 2021

Último momento, dice Sendra. Posible
acuerdo entre Alberto y Cristina. Uno se quedaría con la nafta y el otro con el fósforo. Nosotros, con las cenizas.
Es una buena síntesis del gobierno de los Fernández que nos dejó al borde del precipicio institucional. Todo se derrumbó hace una semana cuando Cristina pasó de su bailecito frívolo con el sobre del voto hasta su mirada hacia el suelo y su cara de asco.
Por algo, Joaquín Morales Solá escribió que “el desprecio de Cristina por la institucionalidad, tiene una dimensión cósmica”. Por eso Eduardo van der Kooy describió el “Plan serrucho contra el Presidente”.
La gran pregunta es inquietante y estremecedora. ¿Cristina, quiere que Alberto se vaya o se quiere ir ella? Lo vació de poder y lo dejó flameando, con tanta debilidad, que con un soplido lo voltea. Estos son los hechos que habilitan esta conjetura política. Repito, porque no hay pregunta más importante para entender lo que pasó y lo que puede pasar: ¿Cristina, quiere que Alberto se vaya o se quiere ir ella?
Ya voló por los aires el matrimonio por conveniencia y el pacto espurio entre ambos.
El próximo remezón del terremoto de las urnas puede ocurrir antes o después del 14 de noviembre. Nada es seguro después de la implosión del Frente de Todos y la fractura expuesta del gobierno.
Yo pienso que ella quiere volver a sentarse en el Sillón de Rivadavia y tirar a Alberto por la ventana. Pero reconozco que hay quienes dicen que Cristina no quiere quedar pegada a la derrota más grave de la historia del peronismo y por lo tanto, está levantando campamento para huir despavorida. Se apoyan en los dichos de la diputada Fernanda Vallejos que en su sincericidio programado, dijo claramente “nosotros no tenemos nada que ver con esta bazofia”. Según la Real Academia, “bazofia” significa: “mezcla de heces, sobras o desechos de comida, cosas soez, sucia y despreciable”. La idea sería abandonar el Titanic y aferrarse a los pocos salvavidas que quedan antes del hundimiento. Ese es el valor del monólogo de la diputada Vallejos. Expone el verdadero pensamiento de Cristina que, según ella, es hablada por el pueblo. Dijo Fernanda Vallejos de Kirchner que “le hicieron votar una fórmula de mierda para los jubilados, que Alberto es un ocupa de la casa de gobierno que no tuvo ningún mérito porque los votos son de Cristina. Y riega su proclama golpista acusando al Presidente que ellos hicieron votar a mucha gente, de “mequetrefe, enfermo, inútil, hipócrita, ciego y sordo”. Algunos analistas sacan como conclusión que después de la carta que consolidó la grieta en el gobierno, Cristina prepara el terreno para escapar. Se llevara sus ministros, sus secretarios de estado, su hijo y sus carteras Luis Vuitton, repleta de dólares sucios de la corrupción más grande de la historia democrática.
Insisto. Esto es especulación política. Es poner toda la información y los antecedentes en el tubo de ensayo y tratar de vislumbrar lo que se viene. Yo le doy mucha importancia al camino que ya transitó. Creo que lo que Cristina ya hizo, lo puede volver a hacer. Ya lo hizo varias veces en Santa Cruz. Y por lo tanto, me inclino en sospechar que más temprano que tarde, ella va optar por quedarse con el poder formal para que coincida con el poder real. Primero porque ese desprecio por los demás y su soberbia inconmensurable, la hacer creerse la salvadora de la patria. Su mesianismo altanero la lleva a respetar solamente al espejo. En su ADN está el redoblar la apuesta y huir hacia adelante. Pero lo más importante que me lleva a pensar que Cristina va a intentar pasar a retiro a Alberto es que ella necesita el poder para huir de la cárcel y de las causas judiciales más probadas que la llevan a ese destino.
Cristina no come vidrio. Sabe que si renuncia para no contaminarse con la bazofia de Alberto, muchos jueces y fiscales irán a buscar su yugular. Su única trinchera es el poder. La única forma que tiene de domesticar a la justicia y de someterla es con las armas que manejan Carlos Zannini, Juan Martín Mena, Juan Ustarroz y Cristina Camaño. Por eso ellos no renunciaron y tampoco renunciarán. Oscuros operadores de tribunales y carpetazos de los servicios de inteligencia es lo que Cristina necesita para sus extorsiones que buscan la impunidad.
Cristina no se irá. Si las cosas se complican como parecen complicarse, a lo sumó empujará a Alberto para que se vaya él. Para que renuncie y se ponga en marcha la ley de acefalía. O para que se haga el enfermo. Obviamente que no estoy seguro que esto vaya a ocurrir. Pero es mi opinión de acuerdo a la personalidad y a la ponzoña incontrolable que inoculó durante toda su carrera política. Por eso Cristina va limpiando el terreno. Ya expulsó al “payaso” de Santiago Cafiero de la jefatura de gabinete y a Juan Pablo Biondi, el vocero mudo que, según ella, hacía operaciones en su contra. Después de las elecciones parlamentarias o del acuerdo con el Fondo, se encargará de cortarle las cabezas a Martín Guzmán, Matías Kulfas, Claudio Moroni y siguen las firmas.
Cristina siempre va por todo. Y para siempre. Ya lo anunció varias veces y todavía hay gente que duda de su chavismo nacional populista y destituyente que tiene como norte a Venezuela y como sur a Santa Cruz.
Por eso vivimos en zozobra y angustia permanente. Gabriel Solano, integrante del Partido Obrero, lo puso en palabras: “si perdieron las PASO y trajeron a Aníbal Fernández, si pierden el 14 de noviembre, van a traer a López Rega”.
Parece que la voz del pueblo está afónica. Pese a que según la alucinación enajenada del gobernador Ricardo Quintela: “Cristina y Alberto están a la altura de los estadistas más importantes del mundo”. Parece que no registró los desastres que ambos hicieron con el peor manejo de la pandemia y la economía más golpeada. Como escribió Jorge Fernández Díaz. “Populismo sin plata, sin votos y ahora, sin pueblo”. Cristina asaltó gran parte del poder ejecutivo que es unipersonal. Eso es una asonada conspirativa, golpismo de palacio. Hizo arrodillar a Alberto delante de todo el país. Lo tiene agarrado de los huesos. La autoridad presidencial quedó hecha trizas. En broma y en serio, en las redes dicen que Alberto se quedó con la última palabra: “Si, Cristina”.

El delirio golpista de Cristina – 17 de septiembre 2021

Es cierto que hay que ser prudentes,
porque Cristina puso las instituciones democráticas al borde del abismo. Pero también es verdad que para encontrar los mejores remedios, hay que hablar claro, sin eufemismos e identificar con la mayor precisión cual es la enfermedad. Y creo que hay que decirlo con todas las letras. Cristina es golpista. Con sus delirios y venenos, finalmente se sacó la careta y está conspirando contra la continuidad de su propio gobierno. Es un suicidio político. De acá y de todas las tragedias autoritarias se sale siempre con más y mejor democracia. Pero también hay que señalar con toda claridad el origen de esta situación destituyente. Se trata de un feroz enfrentamiento dentro del peronismo y que nos recuerda las peores épocas de la violencia criminal entre Montoneros y la Triple A, por suerte en esta ocasión, sin armas y sin sangre. Pero hay que remontarse a esa época del horror y los cadáveres para encontrar algo semejante.
Hay que decirlo sin pelos en la lengua y sin temores como lo dijo la diputada Mariana Zuvic: “Dos dementes, en versión pimpinella, jugando con un país en llamas. Patético final”. Es cierto. Están bailando en la cubierta del Titanic. El país se hunde rumbo a los 115 mil muertos, a la explosión de la pobreza y la desocupación y a la inseguridad galopante con narcos incluidos y estos irresponsables se tiran las culpas por la cabeza, en vivo y en directo y a cielo abierto.
No quiero hacer diagnósticos sobre el estado de la salud mental de Cristina, pero en su carta escribió 18 veces la palabra etcétera. Una detrás de la otra. Un profesional de excelencia me dijo que en la siquiatría eso se llama “Perseveración” y que aparece en algunos trastornos de la personalidad que prefiero no nombrar para ser respetuoso. Pero cualquiera puede buscar en un diccionario médico lo que significa la palabra “perseveración”. Le recuerdo que fue el propio Alberto el que la calificó de “delirante y sicópata”.
Y como si esto fuera poco, pavotes engolados alimentados a millones de dólares por el kirchnerismo como Víctor Hugo Morales, dicen que el golpe de estado lo quieren dar los medios de comunicación concentrados. ¿Se puede ser tan militonto?
Pero quiero seguir fundamentando sobre el peligro para las instituciones que es Cristina. Hace mucho tiempo que vengo diciendo que es la persona que más daño le hizo a la democracia y la que más daño le puede seguir haciendo. Por eso tuve que pagar algunos costos y fui víctima de ataques de todo tipo de parte de sus fanáticos. Pero lo creo firmemente. Y creo que mi responsabilidad ciudadana y periodística es denunciarlo con todas las letras para que no sea demasiado tarde para lágrimas. Lo mismo pensé cuando grite a los cuatro vientos que Alberto era “menos de lo mismo”, que no era moderado y que fue el ejecutor de varias de las venganzas más crueles que le ordenó Néstor Kirchner en su momento. Lo dije en la radio, en la tele y en un libro. Eso ocurría mientras muchos dirigentes hoy opositores y periodistas hoy independientes, compraron la mentira del “Alberto bueno y moderado” y me miraban como si yo fuera un loquito que alucinaba. No lo digo por autobombo. Juro que a esta altura estoy más allá de esas cuestiones de vanidad. Pero esta actitud me hizo pelear con amigos que creían que yo exageraba y que Alberto era Charles De Gaulle. Hoy algunos lo reconocen y otros miran para otro lado. Está bien. No me quejo.
Pero Cristina hizo daños terribles de todo tipo.
El más grave es de orden ético y moral. Muerto Néstor, ella se convirtió en la jefa del Cartel de los Pinguinos Millonarios que perpetraron el robo más grande de la historia democrática. Todos se enriquecieron ilegalmente en forma colosal. Todo el mundo lo sabe y la justicia en algún momento se animará a probarlo en los tribunales. Sobran pruebas y confesiones.
Ella fue erosionando el valor del diálogo y los consensos en la democracia. Construyó enemigos, utilizó el conflicto y el odio como instrumento de gestión, potenció la grieta por mil. Dijo “vamos por todo”, insultó incluso a sus mayordomos más fieles como Oscar Parrilli, le puso cara de asco y desprecio a su propia compañera derrotada como Tolosa Paz y se negó con capricho monárquico a entregar los atributos del poder a Mauricio Macri, que fue elegido presidente en forma democrática. Y a él también lo miró con repugnancia.
Para buscar su impunidad y la venganza, inventó este engendro de régimen vice presidencial donde ella eligió con un dedo al presidente y con la mano abierta lo llenó de cachetazos para que se ponga de rodillas. Se disfraza de nacional populista chavista pero la mueven sus inquinas personales.
Su capacidad de daño es monumental. Pero nunca había llegado a convertirse en golpista de su propio gobierno. Hicieron ensayos en Santa Cruz, pero esta vez la señora llegó demasiado lejos. Ella eligió a Alberto y ella lo quiere tomar de rehén y prisionero. Eso se llama tiranía. Cristinato. Dinastía K. Y repito mi pregunta hasta el cansancio. ¿Cuál es el límite? ¿Va a empujar a Alberto hasta tirarlo por el precipicio de su renuncia? ¿Quiere que Alberto se haga el enfermo para poner en marcha la ley de acefalía y convertirse en presidenta por tercera vez? Un amigo dice que siempre piensa que Cristina va a hacer lo peor y que siempre se queda corto.
Su carta abierta es una extorsión antidemocrática y un ultimátum golpista. En cada párrafo ella dice yo soy una genia revolucionaria y Alberto es un boludo atómico. Armó un plan sistemático para desestabilizar a su propio gobierno. Primero fue el “Cuervo” Larroque, después fue la diputada Fernanda Vallejos y anoche, la propia Cristina. Todo fue diseñado por la Reina Cristina que parece seguir más a Nerón que a Perón. Quiere incendiar Roma y los argentinos lo tenemos que impedir. Juicio, castigo y condena para Cristina por todos los delitos que cometió. Nunca más la corrupción de estado. Nunca más el autoritarismo. Nunca más al golpismo. Nunca Más.