Alderete, el candidato a preso – 11 de octubre 2019

Confieso que la noticia me impactó en forma personal. La Corte Suprema de Justicia dejó firme la condena a 3 años y medio de prisión para Víctor Alderete, el ex director del PAMI durante la presidencia de Carlos Menem. Hace 4 años el ex funcionario reconoció su culpabilidad y el correspondiente castigo a prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por defraudación y administración fraudulenta contra el estado nacional.
Confieso que la decisión me dejó un sabor agridulce. Alegría porque se hizo justicia. Y una profunda tristeza porque ya pasaron más de 20 años desde la denuncia que hice en su momento y que me costó que Alderete me iniciara dos juicios. Le pido que me permita una travesura periodística. Voy a transcribir la columna que leí en el programa de Fernando Bravo donde yo era columnista el lunes 19 de junio del 2.000. El que tenga alguna duda, la puede googlear.
Decía asi:
El 18 de octubre de 1999 recibí una carta documento firmada por el doctor Víctor Adrián Alderete con domicilio en la calle Esmeralda 1066 piso 2, departamento “I”, en su carácter de presidente del PAMI. Este funcionario me decía textualmente:
• Me dirijo a usted al haber tomado conocimiento por los distintos medios de manifestaciones suyas efectuadas en el artículo periodístico publicado en el diario “Pagina 12” en su edición del día 27 de setiembre del corriente año denominado “Construyendo dignidad”.
• En el pasaje pertinente de dicho artículo habría manifestado usted que “después de los fusilamientos de Ramallo, después de la tragedia de LAPA, después del vergonzoso concubinato entre Menem y Oviedo y después de la exitosa candidatura a preso que viene desarrollando Víctor Alderete en el PAMI” Cierra comillas y agrega:” en clara e inequívoca referencia a la comisión de supuestos delitos por mi parte”.
• Por consiguiente, lo intimo a ratificar o rectificar dichas afirmaciones, las que considero lesivas a mi honor. Plazo perentorio 24 horas a contar de la recepción de la presente. Caso contrario accionaré civil y penalmente en el orden al delito de injurias, artículo 110 del Código Penal.
Hasta allí la amenaza de Alderete que me acusa de delincuente a mí, que jamás en mi vida tuve ni siquiera un cheque devuelto por falta de fondos. Fueron dos juicios porque esa nota la leí en el programa Bravo 1030 de radio Del Plata y la publicaron en Página 12.
Asesorado por mi abogado, le contesté con otra carta documentos que decía:
En el pasaje que usted menciona me he limitado (…) a ejercer mi derecho constitucional a la libertad de expresión, que incluye el derecho a criticar la labor de los funcionarios públicos cuyo sueldo pago puntualmente junto con el resto de la ciudadanía.
• Lamento que en lugar de defender su gestión y aclarar los aspectos que dieron lugar a severos cuestionamientos ante los juzgados criminales de la República haya optado por este intento de amedrentar a sus críticos mediante la amenaza de iniciar acciones penales… Le sugiero que en el futuro se abstenga de cursar intimaciones improcedentes y contrarias a la libertad de expresión y actúe con la tolerancia y el espíritu republicano que cabe esperar de una persona que ocupa un cargo público de tanta importancia. Lo saluda atentamente, Alfredo Leuco.
Los juicios que me inició avanzaron y un día el juez nos convocó a un careo. Nos sentó uno al lado del otro. Yo tenía tanta bronca por el tiempo y el dinero que me hacían perder, que fui excesivamente irónico. Le mostré las esposas que tenía puestas Alderete y le dije a su señoría: Doctor yo dije que Alderete estaba desarrollando exitosamente su candidatura a preso. Y ya lo vé, está preso. Fue una primicia, un adelanto periodístico del que me enorgullezco. En ese momento que me sentí satisfecho de la chicana. Hoy me da tristeza.
Lo habían traído desde la prisión del Escuadrón de Buenos Aires donde pasó más de un año por otra de las 17 causas que tenía.
Tenía de compañeros de calabozo a cuatro personaje que era mejor perderlos que encontrarlos. El ex juez Trovato, el vendedor de armas Sarlenga, el Indio Castillo y Sanchez Reisse, toda gente de la peor calaña, reos acusados de corruptos, contrabando de armas, asesinato y secuestro extorsivo durante la dictadura respectivamente.
En esa celda, ubicada detrás del edificio Centinela, Alderete se tuvo que privar de los partidos de golf que se dejaba ganar por Carlos Menem en Punta del Este, por ejemplo. Sus enfermedades cardiovasculares y renales se potenciaron. El frío del lugar se puede combatir con frazadas pero el frío interno de su alma, le corre por la espalda y se queda a vivir en la boca del estómago. El juez Adolfo Bagnasco lo había apresado acusado de líder una asociación ilícita destinada a robar en el PAMI.
Profesionales que yo quería mucho tuvieron que cerrar sus clínicas por no aceptar pagar coimas. Esa es la corrupción. Enriquecían a los sanatorios corruptos que le pagaban las coimas y fundían a las instituciones honestas que no aceptaron ese mecanismo sucio. Por supuesto que las coimas multimillonarias salían de aumentar los precios y de bajar la calidad del servicio para los jubilados.
Recuerdo que en esa época, Manuel Garrido, uno de los honrados directores de la Oficina Anticorrupción había calculado que la estafa rondaba los 500 millones de dólares. Hay que ser canallas. Los jubilados son los que más necesitan y los que menos pueden esperar. Los amigos de Menem tenían miedo que Alderete se quebrara y prendiera el ventilador denunciando a los que recibían la parte del león de las coimas. Porque mucho de lo que se robaba era para la corona. ¿Le suena a algo parecido de lo que ocurre ahora? La misma metodología, la misma excusa: “somos perseguidos políticos”. Alderete había desembarcado en el peronismo con María Julia Alsogaray. Venían de la UCeDé, como Amado Boudou. Denunciaban el excesivo gasto público pero se quedaban con vueltos multimillonarios. Alderete fue el primer preso menemista bajo el gobierno de la Alianza. Otra declaración que parece actual: “Soy un perseguido por los medios de comunicación”. Eso dijo. ¿Le suena? Y completó: “Esto es peor que la persecución a los peronistas del 55”. El tema de la Revolución Libertadora, Alderete lo conocía de adentro: fue secretario ad honorem del Almirante Isaac Rojas, el emblema del gorilismo. Pero ese no fue el comienzo de su carrera atroz. Había sido candidato a diputado por la Nueva Fuerza y asesor de la Policía Federal durante la dictadura. Por eso cobraba una jubilación. Y también fue fundador de una sociedad que metía terror con solo conocer a sus integrantes. Se llamaba “SMC”, las iniciales de Suárez Mason y Camps, tal vez los dos más salvajes asesinos que tuvo el terrorismo de estado. Menem lo hizo de River, lo gastaba por su baja estatura y lo tuvo como vecino en Anillaco. Los unía el amor y el espanto.
Después, como suele ocurrir, aparecen otras urgencias, cambian los gobiernos y su expediente empezó a dormir el sueño de los injustos. Hasta que hoy me enteré de que finalmente se hará justicia. Hay que cumplir con la ley pero es demasiado tarde. Alderete es un señor mayor de 86 años y está muy enfermo, por lo que le corresponde la prisión domiciliaria.
Recuerdo que mi abogado fue uno de los que más conoce de libertad de prensa, un profesional muy respetado que no le gusta figurar ni que lo nombre. El abogado de Alderete era el doctor León Arslanián. Una vez me crucé fuerte en una discusión con él. Le dije que no entendía porque alguien como Arslanian defendía a Alderete. Le agrego que en la actualidad también defiende a ex funcionarios y peronistas que claramente han robado o han sido cómplices del robo de fortunas. Le dije y me digo: por dinero no puede ser. Arslanián es millonario. Por prestigio, supongo que tampoco. Eso ensucia su trayectoria y el ya entró en la historia por haber sido el presidente del tribunal que juzgó a los comandantes de la dictadura militar. No entiendo. Tal vez lo haga por solidaridad partidaria. Pero eso es una solidaridad mal entendida. Los ladrones y estafadores son ladrones y estafadores, cualquiera sea su pensamiento ideológico. Como Arslanián es un experimentado y astuto abogado recuerdo que mis amigos y mi familia me preguntaban si yo estaba seguro de la catadura moral de Alderete. Pasaron 20 años para que despejar todo tipo de dudas. Hoy pienso que si se repite la historia, y pasan otros 20 años para que la justicia haga su trabajo, Hugo Moyano va a tener 95 años, Cristina tendrá 86 años, la misma edad que hoy tiene Alderete. Si tengo la suerte de seguir vivo yo voy a tener 84 años y tal vez el periodismo me haya jubilado. Pero estoy seguro que voy a tener el mismo amor por la verdad y la justicia y el mismo rechazo a los delincuentes y corruptos.

No a la pena de muerte – 10 de octubre 2019

Hoy es el día mundial contra la pena de muerte. Es una lucha a muerte contra la muerte. Es una apuesta a la vida más allá de los criminales y/o violadores que por supuesto, merecen el máximo castigo posible que fije la ley. No se combate a los delitos cometiendo otro delito. No se combate al caníbal comiéndose al caníbal. Si algo nos separa de los criminales son los valores.
Humildemente, creo que si queremos vivir en paz, debemos ser muy duros con los que pregonan la guerra. Si queremos vivir tranquilos debemos ser contundentes con los que generan la inseguridad y el terror ciudadano.
El mensaje que el poder debe enviar en su lucha contra la delincuencia y los criminales debe ser implacable, por supuesto. Insisto: el poder político y las instituciones de la democracia deben ser exigentes al máximo en la aplicación de la ley. No se puede demostrar debilidad, ineficiencia o contradicciones frente a un enemigo social que atenta contra el principal derecho humano de la población que es su derecho a la vida, primero y su derecho a vivir en paz, después.
Por eso digo que la ley debe ser el marco para defender la vida de la comunidad y se debe castigar con todo el peso de la ley tanto al delincuente y al criminal que tienen la responsabilidad principal en todo esto como al policía que cometa algún delito a la hora de combatir a esos delincuentes. Ni mano blanda que mira para otro lado y justifica a los delincuentes ni mano dura ni gatillo fácil que muchas veces destruyen vidas por error o por odio mezclado con venganza. Mano justa, sería el mejor camino para todos.
No se gana nada apoyando o permitiendo que los policías y otras fuerzas de seguridad violen la ley para luchar contra los que violan la ley. Ahí entramos en la ley de la selva y en la delincuencia de estado. El ojo por ojo finalmente, deja ciega a toda la sociedad.
El mensaje debe ser claro. La línea divisoria es entre los que se ganan la vida dignamente y los delincuentes que no respetan las normas que nos permiten vivir en sociedad e interactuar entre los distintos.
Yo sé que no es un mensaje tranquilizador para la sociedad que muchos delincuentes pesados, criminales de gran calibre, estén libres, caminando entre nosotros, mezclados entre la gente honesta que jamás transgredió ni una sola reglamentación. No es justo igualar para abajo.
Es necesario, como en todos los órdenes de la vida un sistema claro y firme de premios y castigos que envíe mensajes contundentes para toda la sociedad.
Los que violen la ley, deben saber que no les espera el paraíso. Que por el contrario, les espera un infierno. En la Argentina debemos lograr que no sea gratis cometer delitos. De una vez y para siempre debemos desterrar el facilismo peligroso de ambos extremos. Ninguna desmesura ni posición ultra nos sirve para vivir en paz. Ni el zaffaronismo abolicionista que en un minuto deja en libertad a casi todos los delincuentes. Ni el bolsonarismo que fomenta poco menos que volarle la cabeza de un tiro a cualquier raterito. Ojo con las exageraciones y demagogias de ambos lados.
Tenemos que ser muy racionales y prudentes pero muy firmes e implacables en aplicar la ley. No podemos admitir que los ladrones entren por una puerta y salgan por la otra diez, veinte veces. Es una carrera loca del delito que la mayoría de las veces termina en la muerte: del victimario o de la víctima. No podemos permitir que nadie se atribuya poderes especiales o celestiales y pueda decidir de un tiro sobre la vida y la muerte de las personas por más delitos que hayan cometido. Es un tema delicado pero es el límite entre la civilización y la barbarie. Entre el vale todo y el todo dentro de la ley. Los fanatismos nos llevan derechito a autoritarismos fachistas de los que es muy difícil regresar.
Yo comprendo que la lentitud, la ineficiencia y muchas veces la cobardía de la justicia en hacer justicia, lleva a muchos a reclamar un atajo peligroso que es la justicia por mano propia, el linchamiento. Hemos visto demasiado de esa putrefacción de la condición humana en estos tiempos. Padres que no pueden soportar que los asesinos de sus hijos no paguen por lo que hicieron. Los comprendo. En su dolor y desgarro inconmensurable, los entiendo. Uno no puede menos que compadecerse por semejante agujero negro que les deja en el alma a todos los familiares de las víctimas. Pero no los justifico.
Porque soy periodista. Tengo un micrófono y una voz que, por suerte, escucha mucha gente. Y debo ejercer mi trabajo con el máximo de responsabilidad ciudadana y profesionalismo. No podemos fomentar los linchamientos ni la justicia por mano propia y menos la pena de muerte. Entiendo a todos los que tengan otra mirada del tema. Se que es un tema polémico a ultranza. Pero es mi opinión. Se la quiero transmitir con la mayor honestidad intelectual posible.
Hay que construir una policía eficiente, calificada, profesional y moralmente y profundamente democrática. Esa policía debe ser un instrumento de la sociedad y la justicia para enfrentar a los delincuentes. No hay otro camino. Por el sendero de la ley vamos a vivir menos en peligro y vamos a recuperar las ganas de vivir en plenitud y transitar por las calles y recuperar los lugares públicos para disfrutarlos con nuestros seres queridos.
No queremos ser rehenes de la inseguridad. No queremos ser víctimas de los delincuentes pero tampoco de los malos policías que son delincuentes con uniforme.
No queremos quedar cautivos de los miedos. Encerrados entre cuatro paredes y llenos de rejas por todos lados.
No queremos rendirnos ante el pánico.
Porque si la vida no vale nada, nada vale.
Queremos vivir en paz y en tranquilidad en una sociedad de trabajo, progreso y educación. ¿Será mucho pedir? ¿Será mucho? ¿Será?
Todos los días nos enteramos de una nueva atrocidad. Todos los días nos enteramos de algo peor y modificamos nuestros hábitos de vida. Nos metemos para adentro, literalmente. Nos rodeamos de sospechas, de mecanismos de prevención, de alarmas por todos lados. Todos los días levantamos paredes más altas, rejas más gruesas. Hay casas que parecen bunkers, a las que además de puertas y ventanas blindadas solo les falta una barricada en la puerta. ¿Hasta cuándo? Es que el miedo no es zonzo. Y cada día tenemos más miedos. A veces son tantos los casos de robos o de muertes que se nos va formando un callo que nos insensibiliza. Pero otras veces construimos esa especie de coraza inexpugnable para no enloquecer y para no andar todo el día mirando para todos lados sin poder vivir en paz y en tranquilidad. ¿Es tan difícil lograrlo?
Hay que actuar en defensa propia de los ciudadanos indefensos. En defensa propia y de nuestras familias. La seguridad debe ser una bandera en manos de los funcionarios más sensatos, valientes, experimentados y más democráticos. No se puede dejar la bandera de la lucha contra la inseguridad ni a los adoradores de Zaffaroni ni a los de Bolsonaro. No se puede arrojar nafta demagógica sobre tumores sociales como la pena de muerte o la tortura o los linchamientos o el gatillo fácil. Queremos un estado democrático pleno. No un estado de sitio ni un estado policial. Hay que repudiar la ley de la selva pero hay que reivindicar la ley de la vida. Que se aplique de verdad la ley más dura y más rigurosa sin salirnos de la ley. La mayor seguridad y protección que pedimos no incluye la pena de muerte. No incluye la venganza con premeditación y alevosía. Ojo con apelar a un remedio que sea peor que la enfermedad. Llenar de cadáveres la patria nos convierte en un cementerio con bandera. No se puede fogonear el asesinato de estado. No se puede ni se debe multiplicar la muerte para terminar con la muerte.

Progresismo jurásico – 9 de octubre 2019

“Progresismo berreta”. Así tituló el colega Ricardo Roa su gran columna editorial. El texto tiene varios méritos, pero el principal es que provoca intelectualmente la reflexión sobre algunos sucesos que demuestran la pérdida de rumbo y valores de aquellos que dicen defender al pueblo y lo terminan perjudicando. Más que progresismo, parecen actitudes reaccionarias y jurásicas. Son conceptos dogmaticos anquilosados que merecen ser revisados y puestos en cuestión. Sobre todo el prejuicio con el que Axel Kicillof se refirió a los pobres, a la confusión respecto del lugar de la víctima y el victimario en la defensa de un delincuente que hizo Victoria Donda y en el autoritarismo patotero de un encargado de un bar que quiso hacerse el progresista expulsando a Alfredo Casero por ser macrista.
Estos no son los únicos hechos que demuestran la decadencia y falta de autocrítica de algunos actores de la izquierda en general y del ala izquierda del cristinismo en particular.
El hecho más grave de todo es el apoyo en silencio cómplice al ladri progresismo feudal. Es natural y democrático que existan fuerzas y dirigentes que expresen o defiendan los postulados de la izquierda en sus diversas vertientes. Pero lo que es insostenible es que esa tarea los obligue a ser cómplices de una asociación ilícita que se enriqueció colosalmente saqueando al estado, es decir a todos los argentinos. Que defiendan los derechos de los trabajadores y de los sectores más necesitados es algo muy valioso. Se trata de los equilibrios de una sociedad que quiere avanzar con igualdad de oportunidades. Otro día discutimos los fundamentos ideológicos y la metodología. Pero no hay nada que justifique que en ese camino tengan que ocultar los delitos del grupo político que más delitos cometió en democracia.
Pero además de este pecado original, todavía existen pensamientos que se toman como verdad revelada y que a la hora de cotejarlo con la realidad se revelan como profundamente equivocados.
Lo de Axel Kicillof fue patético. Dijo que muchos pobres que se quedaron sin trabajo, se dedican a la venta de drogas porque es la manera de llevar comida para sus hijos. No solo es demagógico. Es absolutamente falso y estigmatizante. La línea divisoria de ese debate pasa por la gente honesta de las villas que es la inmensa mayoría y los delincuentes que lo primero que hacen es robar en el barrio y luego quemarle la cabeza a los chicos del vecindario con el Paco y otros venenos. Siempre en política y en la vida ayuda analizar quienes son las víctimas y quienes son los victimarios para saber de qué lado colocarse. En los barrios con mayores necesidades básicas insatisfechas las principales víctimas son los jóvenes que no tienen trabajo y que además, son hostigados por los malandras que integran las bandas de narcos. Basta darse una vuelta por una villa para ver como las madres celebran cada vez que las fuerzas de seguridad dinamitan un bunker donde se vende droga y donde se destruye las neuronas y la dignidad humana de los hijos de esas madres. No ven a la policía ni a la Gendarmería como represores ligados a la dictadura, Piden que no se vayan los uniformados, los aplauden a su paso. Son los que los cuidan de los ladrones y criminales. Son los que les permiten llegas sanos y salvos a sus humildes casas después de un día tremendo de esfuerzo por el trabajo o la búsqueda de trabajo, que deben realizar, además, con viajes penosos que duran horas. La inmensa mayoría de los pobres es absolutamente honrada y odia a los que les roban sus zapatillas, sus mochilas o celulares para comprar o comerciar droga. Kicillof debería defender a los honrados y ayudarlos a combatir a los delincuentes que cruzaron la línea y se transformaron en “lumpenes”, que dicho sea de paso, en el lenguaje de ellos, se transforman tarde o temprano en contra revolucionarios. Jamás se puede justificar a los delincuentes. Kicillof se tiró un par de tiros en sus pies porque además, esos pobres, no aparecieron ahora. Habrá más cantidad, pero ya estaban en su gobierno y Axel se negaba en dar a conocer las cifras con la excusa de no estigmatizarlos y Cristina y Aníbal mentían descaradamente diciendo que en Argentina había menos pobres que en Alemania. Suena increíble. Mucha gente se olvidó pero yo no me olvido. Hay que eliminar la indigencia, la pobreza y el hambre en la Argentina. Pero eso no se hace intentando burdamente decir que los narcos crecieron por culpa de la desocupación. Ese es un falso diagnóstico y un mensaje lamentable que no define claramente donde están las víctimas y donde los victimarios.
Algo parecido le pasó a la diputada nacional ahora kirchnerista Victoria Donda. La doctrina Zaffaroni se metió demasiado en los conceptos y los análisis. No hay sociedad más justa sin premios para los honrados y castigo para los delincuentes. Donda sacó energía y su carné y de diputada para evitar que la Policía de la Ciudad cumplirá con la orden de un juez y detuviera a un joven llamado Brian. Según su mirada, quiso defender a un pobre muchacho de la represión de la policía. Pero la pifió de acá a la luna. Porque ese joven tenía dos pedidos de captura de jueces y ya había cometido varios delitos. La mayoría de sus robos fueron contra mujeres y en varios casos contra mujeres mayores. En este caso, las damnificadas, el sujeto a tutelar, tienen que ser las señoras que sufrieron el robo y los golpes y empujones de este muchacho que Donda defendía. Incluso se puede tener hasta una mirada de género en este tema. La especialidad de Brian era golpear a mujeres mayores y robarles la cartera, el celular, o alguna cadenita. A ellas hay que proteger. Y una manera es que el que las humilló y les robó tenga su castigo con todas las garantías constitucionales, como corresponde. Velar por la seguridad de los argentinos no es una política nazi ni discriminatoria. Todo lo contrario. Pocas cosas tan democráticas como una policía renovada y bajo las indicaciones de la justicia y de las autoridades elegidas por el pueblo. ¿Comprenderán los progresistas que nunca deben defender a los delincuentes? Ni a los que roban en la calle o en el tren a los trabajadores ni a los ladrones de guante blanco como Cristina o Amado Boudou. ¿O Amado es un Robin Hood que robo para los pobres? Su abogado y amigo íntimo es el doctor Eugenio Zaffaroni y al parecer cree que Boudou es una suerte de Che Guevara formado con los Alsogaray y vecino de Puerto Madero. ¿O Cristóbal López, que entre otros delitos se quedó con 8 mil millones de pesos del estado donaba sus ganancias a los luchadores revolucionarios? Aníbal Fernández los defiende y eso se llama coherencia. ¿A quién podría defender Aníbal si no es a los cómplices del gobierno de Cristina?
Y por último, quiero analizar lo que le pasó al talentoso actor Alfredo Casero. Estaba tomando un cafecito con su abogado y el responsable del bar en ese momento lo quiso echar porque era macrista. “Andá a tocar el tambor para Macri”, le gritó. Y después lo amenazó tanto que Casero le preguntó si lo quería matar. Se armó una discusión y un revuelo en el bar. Pero lo curioso es que la mayoría de los parroquianos que estaban sentados en otras mesas, salieron a respaldar a Casero que no había hecho nada malo y a repudiar la actitud patotera, discriminatoria de quien se había erigido en capanga del lugar. Casero se levantó y se fue. Muchos de los clientes lo imitaron y prometieron no volver nunca más a ese lugar del maltrato que elige a sus clientes por lo que piensan. Seguramente en un minuto de autoritarismo kirchnerista, el bar perdió varios clientes. Y en el barrio se corre la bolilla para que las personas democráticas no vayan más y le hagan una suerte de boicot. Después, el propietario del bar llamó por teléfono a Casero para disculparse pero esa es otra historia.
El que estaba detrás del mostrador en ese momento quiso censurar o castigar a Casero por su pensamiento. Y el tiro le salió por la culata. Igual que a Donda y a Kicillof. Progresismo es otra cosa. Es amar y defender la libertad en todos sus aspectos, es apostar a una sociedad más igualitaria y repudiar a todos los corruptos y ladrones y a todos los golpistas. A veces vale la pena recordar los valores del progresismo. Para que no sea berreta ni jurásico.