Pola y Cafiero – 19 de octubre 2020

El gran Ricardo Piglia dijo que «La prosa de Pola Oloixarac es el gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina.» Su tercera novela llamada Mona, editada por Penguin Random House, fue traducida a varios idiomas y el año que viene se publicará en Estados Unidos.
La escritora Pola Oloixarac escribió para el diario La Nación una columna muy crítica sobre el jefe de gabinete Santiago Cafiero. Su estilo literario irreverente, que se mueve entre el humor y la ironía, pero que no elude el compromiso político, generó una gran polémica y la convirtió en la nota más leída por lejos. La provocación intelectual siempre es bienvenida para sacudir estilos y posturas acartonadas.
Por eso quiero compartirla con ustedes. Y yo le doy mi palabra a Pola Oloixarac.
“Desde la asunción arrancó suspiros, y memes de faldas recibiendo baldazos para aplacar los fuegos intensos que despertaba. Con su boca jugosa, barbita descuidada y apellido de lord del peronismo bonaerense, “Santi” Cafiero es el primer jefe de gabinete “juvenil” del PJ. Rodeado de caras repetidísimas y acres, Santi era el bombón que coronaba la torta rancia del peronismo triunfal.
Su debut en la escena nacional lo marcó como un anti-Marcos Peña. Santi no era ningún Marquitos: nada de fingida informalidad. Ladero acorde al look “boga gris” de Alberto, el flamante jefe de gabinete combinó el clásico traje y corbata con pulseritas de cuero, un fulgor de verano en Villa Gesell. Santi era la evolución hot de Marcos: la sonrisa fácil, el pelo en ondas un poquito largo, pinta de winner pero cercano y compañero. Dato: en los actos, siempre le sonríe a alguien afuera de cámara. Esa a quien le sonríe, eras vos.
Santi no se quitó las pulseritas nunca más, y si nos abstraemos del traje (si lo desvestimos con la mirada), podemos verlo al sol, tomando cerveza a las risotadas en una pizzería de Palermo. Haciendo un asadito un domingo nublado, extrayendo de la parrilla un vacío tierno, a punto como tu corazón; y lo bastante deconstruido como para picarte la ensalada. Podemos imaginarlo siguiendo el decálogo de la hombría contemporánea argentina, y cumpliendo. Si naciste en la Argentina del último siglo, tuviste algo con uno así. Y siempre las pulseritas, como un talismán de autenticidad; sabés que aun desnudo, las tiene puestas. No logró enloquecer a la rama femenina al punto de ponerse a vender bombachas con su cara (como sí Kicillof) pero, a diferencia del pequeño gobernador, Santi se proyectó como un novio nuevo para la Argentina populosa, un galán argentino quintaesencial.
Santi Cafiero es el jefe de gabinete de un ex jefe de gabinete: incluso es nieto de un ex jefe de gabinete (Antonio Cafiero, también ex gobernador, senador, diputado, ministro de Economía y Comercio Exterior). Este linaje muestra la parte visible del ADN en espiral de la aristocracia peronista. El peronismo es un sistema con tracción a sangre, y Cafiero III es la elite de la elite: como en toda prosapia que se precie, la sangre no será derramada, si no exhibida. Apenas la joven Ofelia es una self made woman: alguien sin sangre, pero con portación de apellido (Fernández, como los Fernández-Fernández). Dentro del sistema de castas del peronismo, Lord Santi Cafiero representa una dinastía feudal de la provincia de Buenos Aires.
Después, vino el encierro. Te vimos, Santi, acompañando a Alberto y sus filminas, con sus trajes gris enfisema. La cuarentena seguía (¡sigue!), y vos en bambalinas con Ginés García, mientras Carla Vizzotti ponía la cara: para el Día de la Niñez, le pusieron al lado una payasa. Y un día Alberto dejó de hacer los anuncios. Ante su desgaste, saliste a medirte un poco en los medios. Podrá no gustarte el PJ, ¿pero Santi? Ni en los sueños más gorilas podría negarse el factor apetecible del joven Cafiero, acariciando un mate tibio como si fuera una parte tuya.
Todo muy lindo, ¿pero qué pasa cuando Santi abre la boca? Le cuesta organizar su discurso. Si tiene que pronunciarse sobre los derechos humanos en Venezuela, dice “nos importan los derechos humanos en ese país, como también nos importan los de la región, y la comunidad afroamericana en Estados Unidos”. Corazón: eso no llega a ser una pirueta retórica. ¿Eras solo un progre amaestrado, Santi love?
Cafiero sabe ser amigable con los medios amigables y, como todos los políticos, tiene cosas prearmadas para decir. Le pide a la oposición que sea racional y deje la postura antidemocrática, pero no logra pintar a la oposición como antidemocrática (¿lo dice por su insistencia en sesionar? ¿por plegarse a las protestas sucesivas, como haría cualquier peronista?). Su discurso se parece al de los políticos españoles del PSOE y Podemos, quizás porque Santi tiene su propio Marcos Peña importado de España. Como Alberto, Santi dejó de hablarle a toda la población: le habla a los convencidos, los politizados que heredaron la grieta y su séquito de odios. Dejó de hablarme a mí. Ahora lo noto: ya no me guiña el ojo.
Y de pronto dice lo que piensa: “Esos que se manifestaron ayer no son “la gente”, no son todos, no son “el pueblo”, no son la Argentina”, dijo Cafiero después de la protesta masiva en todo el país. Y reconozco esa altivez, esa mezcla imposible de ser superior, clase dirigente y pueblo a la vez. De detentar el poder y hacerte el revolucionario Che Guevara en traje y pulseritas también. De creerte mil porque tu superioridad viene de cuna, aunque también compraste el pack de que sos pueblo por derecho divino. ¿Cómo no vas a despreciar la meritocracia, si lo tuyo es la aristocracia, el derecho de sangre?
Ahora te veo: Santi Cafiero es ese novio tóxico de “sangre azul”, que nunca cree que estás a su altura. Y como no sos “gente bien” como él, siempre vas a estar en falta: a menos que hagas y seas como él quiere, a menos que tu obediencia a sus posiciones sea total, nunca te va a querer de verdad. Como el prototipo de la rubia tarada, Cafiero funcionaba mejor mientras callaba.

¿Cristina es leal a Perón? – 16 de octubre 2020

Hay sectores del peronismo tradicional que acusan a Cristina de oportunista porque siempre ninguneó y maltrató a Perón. Varios periodistas recuerdan y yo también, porque me lo contó a mí con mucho dolor, cuando Antonio Cafiero le llevó un proyecto para hacerle un monumento al general Perón. “Para ese viejo de mierda, no hay nada”, le contestó la presidenta de aquel momento. Ella confesó que en 1973 votó la fórmula peronista, pero con la boleta del Frente de Izquierda Popular de Jorge Abelardo Ramos. Quería votar a Perón desde la izquierda y no con “los fachos” del justicialismo.
Ante cuestionamientos similares, Aníbal Fernández cometió la herejía de decir que se metan la marchita en … donde usted ya sabe y hasta se peleó con el hijo de ese mito llamado Hugo del Carril.
Y como si esto fuera poco, tiró al Partido Justicialista por la ventana y ratificó que ella y su marido nunca le dieron bola y mandó a José Luis Gioja a “suturarse” ese lugar en donde termina la espalda.
Solía referirse en forma peyorativa a ese partido llamándolo “pejotismo”.
Juan Domingo Perón es una de las figuras de nuestra historia política que despierta mayores odios y amores. Con solo mencionar su nombre en una reunión social, se abre una discusión muchas veces irreconciliable que, ahora llamamos grieta, o abismo.
Mañana se cumplen 75 años de aquel 17 de octubre fundacional y Perón todavía sigue muy presente. El dijo que su único heredero era el pueblo, pero la realidad es que hoy es muy difícil definir que es el peronismo. Es un partido híper pragmático especialista en llegar y mantenerse en el poder con la ideología de los vientos que soplan.
Perón todavía desata pasiones sobre su vida y obra que son material inflamable. Se lo digo más claro todavía: Perón marcó la historia argentina. En todo debate es casi imposible encontrar denominadores comunes y es muy fácil chocarse con definiciones tajantes, excluyentes. Le doy los ejemplos extremos:
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue un nazi. El que más violencia sembró y el que más atacó la libertad.
O en el otro rincón…
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue Gardel, un semi dios. El que más hizo por los pobres en nuestro país y el que más impulsó la justicia social.
¿Fue nazi o Gardel? Con Perón no hay términos medios. La gloria o Devoto. El cielo o el infierno. En la figura de Perón se resume la eterna lucha entre la libertad y la justicia social, entre las demandas democráticas y las aspiraciones sociales. Es una lucha tan vieja como el mundo. Pero en Argentina se concentra en forma impresionante en la figura de Perón.
La historia política argentina se puede dividir para su estudio de diversas formas. Una de ellas es antes y después de Perón. Es difícil entender el alma y el cerebro de los argentinos, sin entender o intentar entender al peronismo. Hay que buscar un acercamiento a la verdad con la menor cantidad de reduccionismos o simplificaciones. Argentina fue cultural, económica y políticamente distinta después de la aparición de Perón. Para bien y para mal. Insisto, no es mi intención sumarme a la agresiva discusión pasional que no conduce a nada después de que pasaron 46 años de su muerte. La semana pasada Perón hubiera cumplido 125 años.
Mi humilde apuesta e intención es tratar de analizar el fenómeno de Perón lo más despojado posible de conceptos sanguíneos, tratando de que allí donde los ciudadanos desatan pasiones, los periodistas desatemos reflexiones.
¿O no se pueden analizar todas las cuestiones históricas y políticas con racionalidad? ¿Somos tan poco inteligentes que no podemos tomar distancia de los acontecimientos y sacar conclusiones que nos sirvan para seguir avanzando en la construcción de un país más justo, con más libertad y menos pobreza? Pienso en un salto de calidad y maduración en las discusiones que pacifique los espíritus y nos abra la cabeza. ¿Es tan complicado eso? ¿Nos cuesta tanto no pensar a Perón en términos absolutos? ¿Nos cuesta tanto pensarlo lejos de las etiquetas que estigmatizan o endiosan?
¿Nos podemos meter en el estudio histórico razonando que nos equivocamos si creemos que Perón era solamente un nazi o solamente Gardel? ¿No era ninguna de las dos cosas o era ambas cosas?
Le doy un ejemplo:
Un antiperonista furioso, alguno de nuestros abuelos que incluso, haya sido comando civil, hoy, ¿no podría reconocer que Perón incorporó a la clase obrera al gran escenario nacional? Que les dio un lugar y un reconocimiento a los trabajadores urbanos y rurales y que instaló definitivamente en la conciencia social de este país el concepto de igualdad.
¿Cómo dice oyente antiperonista? ¿Que esas ideas ya las habían sembrado los socialistas de Alfredo Palacios? Sí, eso es verdad. Pero nadie las ejecutó en la práctica con tanta fuerza y las levantó más alto como bandera que Perón.
Pero ahora, déjeme seguir con el ejemplo contrario.
Un fervoroso peronista, incluso algunos de nuestros tíos que recibió su primera pelota de cuero gracias a Evita y que se tomó vacaciones por primera vez en un hotel sindical de Mar del Plata y que estuvo en la resistencia, hoy ¿No podría reconocer el tema de la violencia y el autoritarismo de Perón? La alfombra que les tendió a muchos nazis para que ingresaran al país, el fusil como instrumento de lucha política y la muerte como objetivo. Lo digo por todo. Sin distinciones ideológicas, lo digo por el “5 x 1, no va a quedar ninguno” de Montoneros y por la Triple A de José López Rega.
¿Cómo dice oyente peronista? ¿Qué Perón y los peronistas también sufrieron la violencia y que fueron víctimas de los bombardeos de Plaza de Mayo, de los fusilamientos de José León Suárez, los desaparecidos?. Sí, es verdad. Pero ningún movimiento político argentino llevó en su génesis tan metido el concepto de la violencia como partera de la historia.
No me diga que no sirve la razón para estudiar a Perón como hecho histórico. Seguramente si lo logramos eso nos ayudaría como país para que poco a poco vayamos saldando tanto odio, tanto fanatismo, tanta locura.
Propongo sentar imaginariamente a compartir un café a un peronista y a un antiperonista para que se despojen de las certezas, que se abran al diálogo con tolerancia y que cada uno esté dispuesto a reconocer las cosas valiosas y las cosas horrorosas del otro. Sería un paso adelante en la madurez de nuestra bendita Argentina.
Cuando Mauricio Macri convocó a Miguel Angel Pichetto (un peronista de todos los peronismos), el senador Federico Pinedo dio en la tecla. Dijo que eso demostraba que la grieta no es una batalla entre peronismo y antiperonismo, es una lucha entre democracia y autoritarismo, entre República y chavismo K, entre ética y corrupción.
Hoy el antiperonista debería reconocer que cuando murió Perón, a gran parte del pueblo argentino se le desgarró el corazón de tristeza porque se iba una suerte de gran padre protector de los descamisados, de los grasitas, de los que siempre tuvieron menos. Una foto que sigue golpeando mi memoria es la de aquel colimba de rasgos norteños, con su rostro desencajado por el llanto ante el féretro que llevaba los restos de Perón.
Hoy el peronista debería conceder que cuando murió Perón, a otra parte del pueblo argentino se le escapó un suspiro de alivio porque ese muerto había sido responsable de muchas persecuciones y del encarcelamiento de dirigentes opositores.
Pero fue precisamente uno de los opositores más perseguidos por Perón, uno de los que estuvo preso por combatirlo, el que con una lucidez digna de los grandes puso la semilla de los nuevos tiempos de convivencia que florecieron hasta que llegaron los Kirchner a abrir nuevamente las heridas del odio. Todavía siguen golpeando en mis neuronas aquella despedida que Ricardo Balbín le hizo a su enemigo de toda la vida. ¿Se acuerda del Chino Balbín al lado del cajón, con la mano en el bolsillo y en su tono grave diciendo: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Hay que recuperar ese espíritu de unidad nacional en la diversidad. O cuando el doctor Antonio Cafiero se puso al lado del presidente Raúl Alfonsín en el balcón de la casa Rosada para enfrentar juntos el levantamiento subversivo de los carapintadas.
Perón, Balbín, Alfonsín y Cafiero demostraron que se podía. Néstor y Cristina echaron sal sobre las heridas y produjeron lastimaduras más profundas. Y encima las inundaron de una corrupción nunca vista.
Volver a convivir para administrar los consensos y los disensos es un signo de consolidación de la democracia. Basta de ver a otros hermanos argentinos como enemigos.
En las urnas se resuelven los temas irreconciliables. Basta de insultar o perseguir al que piensa distinto. Dar la mano abierta y no cerrar el puño. No excluir ni marginar al de otro partido o ideología. Todo lo contrario, enriquecerse con el pensamiento del otro. No nos podemos permitir volver a transitar momentos terribles y horrorosos como la quema de iglesias o que alguien pinte “Viva el cáncer” sobre el sanatorio donde se estaba muriendo Evita.
Basta de intolerancia. Tenemos que construir en común. Estoy seguro que más temprano que tarde lo vamos a lograr.
Ese será el día de la lealtad no hacia Perón, sino hacia la Argentina.
Ese día Argentina se escribirá con mayúsculas, el pueblo será libre y la política será una canción.

La libertad de prensa no se toca – 15 de octubre 2020

Hace unos días, el diario “El País” de España, tituló: “Los jueces no se tocan”. Fue un duro comentario que rechazó el intento recurrente del cristinismo de colocarle su camiseta partidaria a los magistrados.
Hoy podemos apelar al mismo concepto, ante el proyecto Nodio: “La libertad de prensa, no se toca”. En su editorial, el diario “La Nación” lo definió como “ese esperpento institucional… una inquisición, tan descabellada como ilegal”.
La inquisición fue, entre otras cosas, un tribunal dedicado a descubrir y castigar las faltas contra la fe o la doctrina de la Iglesia. En este caso la vigilancia de estado se ocupará de patrullar a los medios y los periodistas para criminalizar el pensamiento.
La ilegalidad de la iniciativa parece tomar cuerpo con la decisión del fiscal federal Carlos Stornelli que imputó a Miriam Liliana Lewin y le solicitó a la jueza interviniente la declaración indagatoria de la jefa de la Defensoría del Público y el “no innovar” hasta tanto se resuelva la situación.
En relación a los hechos, Stornelli, escribió en su resolución que “El objeto procesal de las presentes actuaciones, versará sobre presuntas acciones ilícitas desplegadas mediante posible abuso de autoridad y/o violación de los deberes de funcionario público y con la aparente finalidad de impedir o estorbar la libre circulación de publicaciones o manifestaciones amparadas por la libertad de prensa y/o la libertad de expresión y/o de alentar o incitar la persecución contra una persona o grupo de personas a causa de sus ideas políticas, impidiendo, obstruyendo, restringiendo o de algún modo menoscabando el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías constitucionales por cuestiones ideológicas u opinión política, sin perjuicio de toda otra acción ilícita que con tal finalidad pudiera desprenderse de la instrucción”.
Esta fue la respuesta a una denuncia que presentaron los diputados Waldo Wolff, Fernando Iglesias, Graciela Ocaña, Alvaro de Lamadrid, María Luján Rey y Omar de Marchi, entre otros.
La sociedad democrática y republicana debe permanecer en estado de alerta frente a este tipo de atropellos. Miriam Lewin ahora le quiere bajar el tono, diciendo que solo será “un centro de estudios para proteger a la ciudadanía de los discursos del odio y el golpismo”. Ese organismo hoy tiene 139 empleados y un presupuesto millonario. Y para castigar ese tipo de expresiones nefastas, ya están el INADI, la ley antidiscriminatoria y hasta el Código Penal.
No se puede bajar la guardia porque en manos del kirchnerismo, estos planes, siempre apuntan para el mismo lado: la construcción del nacional populismo chavista.
Y a las pruebas me remito. El Director General de Planificación Estratégica e Investigación de la Defensoría del Público se llama Glenn Alvin Postolski y es un firme defensor de Hugo Chávez en general y de su “Ley Resorte” en particular. Esta norma denominada ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte por sus siglas) permitió encarcelar periodistas, censurar medios y establece penas de hasta 20 años de prisión para aquellos que no reciten los versos oficiales y se atrevan a contradecir el camino revolucionario de la dictadura de Nicolás Maduro.
Suena insólito y stalinista, pero en Venezuela, instauraron el “Ministerio de la Verdad”, funciona un observatorio de Medios y la que se conoce popularmente como “la ley contra el odio”. Todos y todas han sido excusas y mecanismos para asfixiar la libertad de prensa y perseguir a los periodistas independientes. Como escribió Diego Cabot en referencia a intento de Lewin: “no quieren que nadie se cocine su dieta informativa. Prefieren darles de comer en la boca. La comida que ellos decidan”.
Primero Néstor y ahora Cristina, tienen una obsesión infatigable contra los medios de comunicación. Desprecian y combaten al periodismo desde su temprana militancia en Río Gallegos. Hay cientos de ejemplos en estos años. Señalamientos personales de cronistas, escraches de todo tipo, estigmatización cotidiana en los medios del estado, llamado a escupir afiches con la cara de periodistas, látigo y zanahoria con la pauta publicitaria, violentas patoteadas y acción directa, censura y levantamiento de programas y hasta un juicio musoliniano en la plaza pública. Hay montañas de ataques a la prensa.
En los últimos tiempos, además del maltrato presidencial, la ministra de Seguridad quiso instalar el ciber patrullaje para medir el humor social, entre otras aberraciones.
Poltoski, fue uno de los impulsores con mayor formación académica, de la llamada “Ley de Medios”, al igual que Damián Loretti, un abogado experto que también participó de la presentación en sociedad de Nodio. El 9 de agosto pasado, Postolski propuso una nueva Ley de Medios y en varias declaraciones y tuits se refirió a Papel Prensa, los medios hegemónicos concentrados en América Latina por orden del neoliberalismo y ubicó al diario Clarín como un claro enemigo. Salvo el 20 de setiembre de 2017, cuando se quejó porque “el desplazamiento de periodistas como Navarro y Verbitsky de C5N es un acto que cercena la libertad de expresión”.
Este es el perfil ideológico de los que impulsan Nodio. Tienen todo el derecho del mundo a pensar lo que quieran. Pero nosotros también tenemos el derecho a defender la libertad de prensa absoluta, como derecho de los ciudadanos a estar informados. Y a tener otros países plenamente democráticos como posibles modelos.
Florencia Saintout también participó de la mesa redonda donde se dio el puntapié inicial. Es una militante tristemente célebre porque en su rol de decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, condecoró a Hugo Chávez por su aporte a la libertad de prensa. Es tragicómico, pero real. Es tan ridículo como premiar a Pablo Escobar Gaviria por su aporte al combate contra el narcotráfico. Pero es comprensible si tenemos en cuenta que Fernando Esteche, que fue el comandante de Quebracho y que se hizo kirchnerista en la cárcel, fue profesor de esa universidad, en ese mismo momento.
Esto es lo que inquieta a los medios de comunicación y a los periodistas profesionales e independientes. ¿Qué se puede esperar en materia de libertad de expresión de aquellos que admiran a Chávez y que reclaman una nueva ley de medios?
Ahora lo borraron de su página oficial, pero originalmente dijeron que el objetivo era “la detección, verificación, identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas de las opiniones”. Después agregaron el concepto de “trazabilidad” de las noticias falsas o maliciosas, según el concepto que ellos tienen de la verdad y la mentira. Le doy un ejemplo: Yo digo que Alberto Fernández fue uno de los más feroces críticos de Cristina y la llegó a caracterizar irrespetuosamente de “psicópata” y aseguró que ella lo “persiguió durante 8 años”. ¿Eso es verdad o es mentira para los comisarios de la información? ¿Si les muestro los videos cambiarán de opinión o dirán que es una Lawfare inventada por la CIA, los jueces y los medios hegemónicos? Lo digo irónicamente, porque no se les cae de la boca el concepto de “medios hegemónicos y concentrados” en todas y cada una de las acusaciones que hacen. Agustín Rossi, retuiteado por el presidente de la Nación, el lunes, culpó a “Clarín y La Nación” por los multitudinarios banderazos. Se sienten dioses y ven a los periodistas como los diablos. Miriam Lewin llegó a decir por televisión que “no se van a hacer informes contra Lanata, Diego Leuco o Baby Etchecopar”. Menos mal. Muchas gracias, señora Lewin por avisar. Me hizo acordar a otro militante, el doctor Daniel Gollán que como ministro de Salud, dijo que en Buenos Aires “iban a atender a todo el mundo, incluso a los que se oponen a la cuarentena”. Gracias por tanta generosidad republicana.
El gran constitucionalista Daniel Sabsay dijo que el NODIO “es una brutal modalidad de censura indirecta prohibida por el Pacto de San José de Costa Rica”. Y yo agrego que incluso, puede producir autocensura por el camino de la intimidación. Por eso nunca está de más ratificar los pilares de la Republica.
La libertad de prensa, no se toca. Y las noticias no se manchan.