CFK quiere que Alberto libere a los presos – 21 de enero 2020

Estamos asistiendo al primer choque fuerte entre Cristina y Alberto. La ex presidenta, en silencio, envió a todo su estado mayor a atacar a Alberto. Todos con el mismo discurso, presionaron con contundencia a Alberto para que libere a todos los detenidos por corrupción que ellos califican, insólitamente como “presos políticos”.
Se produjo una rebelión en la granja del oficialismo. Alberto dijo que “no es un presidente con presos políticos” y que hay “detenidos arbitrarios” que fueron perseguidos por cuestiones políticas. No es lo mismo. Presos políticos son aquellos que están privados de su libertad y no tienen proceso abierto. Eso es típico de las dictaduras. Y estos ladrones fueron puestos tras las rejas por la justicia democrática con todas las garantías, el derecho a defensa y las apelaciones que consideren necesarias.
“No hay presos políticos en mi gobierno”.
Esa es la bandera de Alberto. Se supone que esa debería ser la línea de todo el gobierno. Pero en un caso inédito, el mismísimo Eduardo “Wado” de Pedro, que es su ministro del interior, salió a contradecir a su jefe. Un tuit donde ratificó su lealtad a La Cámpora, le alcanzó para pedir la libertad de Milagro Sala y ratificar que “si hay presos políticos”. Es raro porque en general, cuando en un tema tan grave y delicado, se opina tan distinto, el subordinado de inmediato, presenta la renuncia. O el propio presidente le saca tarjeta roja y lo eyecta del gabinete. Pero acá no pasó nada. Alberto se tragó el sapo.
Es que no fue una expresión solitaria y descolgada de Wado. Fue parte de un grupo de tareas que actuó coordinadamente para desafiar a Alberto. “Fuego amigo”, le llamaron algunos. Otro que tiró y pegó fue el senador Oscar Parrilli. Es casi el alter ego de Cristina, una especie de mayordomo que está para lo que Cristina ordene. Si Parrilli abre la boca es porque Cristina se lo ordena. Y Parrilli también dijo lo mismo: “No tengo dudas de que hay presos políticos”.
Hebe de Bonafini tiene un peso simbólico. Es la voz extrema de Cristina. La que puede decir todas las desmesuras que Cristina no puede. La presión sobre Alberto, en este caso fue feroz. Lo conminó, en una carta pública, para que diga, de que lado está: con la justicia corrupta o con los presos políticos.
¿Qué hizo Alberto? La invitó a almorzar a la casa rosada y hablo con ella durante dos horas. ¿Hizo gala de su capacidad negociadora o dio el brazo a torcer? Veremos. Por ahora Alberto puso una foto y un tuit tratando de bajarle el tono al apriete.
Ricardo Forster, ex Carta Abierta y hoy, integrante del comité de asesores intelectuales de Alberto, tampoco se calló: “Milagro Sala y Boudou, son presos políticos y tienen que estar libres”. El filósofo, no incluyó a Julio de Vido, tal vez por pudor y tampoco explicó cuál es el mecanismo por el que habría que liberar a Milagro y Amado. Que lastima que los periodistas que los entrevistan no le preguntan. ¿Qué proponen como solución a esta presunta injusticia? Un indulto. ¿Quieren que Alberto pague el costo de utilizar una herramienta monárquica que encima no borra los delitos cometidos? ¿Ese nivel de desgaste pretende para un presidente recién asumido? ¿Sería un indulto generalizado? De Vido, Jaime, José López, el Pata Medina, el Caballo Suárez, Lázaro Báez también serían indultados? ¿Quién decide cual delincuente debe ser indultado y cuál no? ¿Cristina, Alberto u Horacio Verbitsky?
Lo pregunto porque el interrogatorio al que Verbitsky como jefe de la inteligencia informal de Cristina sometió al Alberto no tiene demasiados antecedentes. Con una soberbia típica de un perro guardián de Montoneros y un perro faldero de Cristina, Verbitsky calificó a Gerardo Morales de “carcelero” de Milagro Sala. Y con su trato confianzudo, interpeló a Alberto. Claramente no fue una entrevista. Fue un intento de que Alberto repita las palabras y asuma las ideas del ex soldado de Firmenich. Verbitsky no hace preguntas. Son imposiciones apenas disfrazadas.
Otro operador de la batalla de Cristina contra Alberto, se llama Víctor Hugo y logró darle micrófono para que se defendieran tanto a Boudou como a Milagro Sala en forma simultánea. Pobre Julio de Vido, no es tan cool y sale poco por la radio. Pero la última vez fue suficiente para mandarle el mismo reclamo y exigencia a Alberto: “Esta claro que este gobierno se siente cómodo con nuestra detención”. Lo dijo desde su prisión domiciliaria, en su lujosa mansión de un barrio cerrado de Zárate donde también tienen propiedades Máximo Kirchner, Fabián de Souza y el Bochi Sanfelice. De Vido fue directo a los bifes. Se quejó porque “el gobierno no está haciendo nada para que Amado y yo recuperemos la libertad”. Este muchacho, gerente del cártel de los pingüinos, ministro de coimas y lavado, tampoco explicó que es lo que quiere que Alberto haga por ellos. ¿Una amnistía generalizada, tal vez? ¿Una ley especial a medida de los corruptos de estado más grandes de este país desde el regreso de la democracia?
Tal vez Verbitsky propone directamente lo mismo que hicieron en los 70. Convocar a una manifestación, abrir de prepo las puertas de las cárcel al grito de “A la lata/ al latero/ libertad a los compañeros” y sacarlos en andas como si fueran ángeles honestos y revolucionarios gracias al indulto de Héctor Cámpora quien era presidente en ese momento.
De Vido perdió todos los filtros. No soporta que lo hayan entregado. No puede creer como Cristina le soltó la mano y jamás lo visitó ni lo saludo ni le mandó una tarjeta de navidad. Nada, Cristina no dijo ni mu, no emitió ni un tuit, ni un sonido gutural por De Vido y por ninguno de los corruptos presos. Y eso que en voz baja todos dicen que robaron para la corona de la reina Cristina. De Vido denunció que “es increíble que habiendo un gobierno del mismo signo político, el vicepresidente de hace 4 años está preso. Como mínimo debería estar en prisión domiciliaria junto con sus hijos y familia”.
Se refiere a Amado Boudou que está condenado por la Casación. El robo de la fábrica de billetes tuvo como resultado una condena de más de 5 años y 10 meses pero todavía le faltan dos causas muy graves y llena de pruebas: el enriquecimiento ilícito y el robo que le hizo al pueblo pobre de Formosa con una coima de 2 millones de dólares que cobró con complicidad con sus socios y con el señor feudal, Gildo Insfran.
Como si esto fuera poco, Alberto tiene una inquina especial con Boudou. No solo porque cree que su cancherismo irresponsable, fue el comienzo de la decadencia del gobierno de Cristina. También porque con un plumazo y una conferencia de prensa, volteó al jefe de los fiscales de entonces, Esteban Righi, “El Bebe” a quien Alberto considera su maestro del derecho.
Milagro Sala es indefendible. El Tribunal Superior de Justicia ratificó su condena a 13 años que cumple, con su tobillera electrónica, en su casa del barrio Cuyaya. Su condena es en concurso real por fraude en perjuicio del estado y extorsión y como jefa de una asociación ilícita. Todas las instancias confirmaron su condena. Lo único legal que le queda es recurrir a la Corte Suprema de Justicia.
Milagro no solamente es culpable de robar 60 millones de pesos que iban a las cooperativas para construir viviendas populares que nunca se hicieron. ¿Se acuerda? Se las llevaban en bolsos llenos dinero, directamente por la caja de los bancos y las subían a las camionetas.
En estos temas se juega la independencia del poder judicial, la división de poderes y el respeto a la República. Hay más de 100 ex funcionarios que están procesados y testimonios de ambos lados con empresarios que confesaron el pago de retornos y coimas producto de sobre precios. ¿Qué van a hacer con esos testimonios? ¿Los van a prender fuego? ¿O los van a declarar nulos por mal procedimiento de los jueces? De todas maneras se viene una hecatombe legal y una vergüenza ajena monumental.
Así como nadie fue tan duro como Alberto en sus críticas contra Cristina, ahora es el cártel de los pingüinos cristinistas los que salen con los tapones de punta contra Alberto por el tema de los presos. No fue algo que se le escapó a uno. Estamos hablando del propio ministro del interior, Wado de Pedro, de Parrilli, Bonafini, Forster, Verbitsky, Víctor Hugo, Amado Boudou, Milagro Sala y Julio de Vido. Alberto está entre la espada y la pared.
Lo que Cristina quiere es una fantasía de cumplimiento imposible. ¿Cómo hacer para que se esfumen en el aire tantas pruebas y testimonios de su corrupción?
No puede liberarlos porque hay causas en trámite. Solo le queda el camino de reformar urgente la justicia, ampliar los miembros de la corte y consolidar la mayoría en el Consejo de la Magistratura para poner a todos los jueces en comisión y tirar por la ventana a los que investigaron a los K y entronizar a los de Justicia Legítima. Si eso se hace a paso redoblado y a tambor batiente, de prepo y violando todas las normas, estaríamos cayendo en el chavismo más extremo. No sabemos si Alberto quiere quedar en la historia como el indultador serial o el Chavez del Sur. Suponemos que no.
Pero nunca se sabe. La vida te da sorpresas.

No fue suicidio, fue magnicidio – 20 de enero 2020

Fue un gran acto, hecho a pulmón y multitudinario. Ciudadanos independientes y apartidarios que militan en “Banquemos” y “Equipo Republicano”, se encargaron de organizarlo desde las redes, casi sin recursos. Por eso el sonido fue flojito, por eso no hubo micros ni aparato, ni banderas de agrupaciones políticas y por eso, todo el mundo fue porque quiso e hizo y dijo lo que quiso con absoluta libertad. Se cantó el himno con orgullo. Se pidió que el lugar quedara tan limpio como lo recibieron y que trataran bien al periodismo. No se puede agredir ni insultar a nadie. Eso lo hacen los K. Un grupo reducido le gritó “A-se-si-na” a Cristina pero enseguida fue tapado por “Ar-gen-ti-na”. Yo dije en otra columna, que Cristina es responsable del crimen por omisión o por acción. Pero responsable política porque era la principal acusada y la presidenta de la Nación. Burdos operadores K quisieron involucrar a Luis Brandoni y acusarlo de haberse sumado a ese grito de “A-se-si-na”. Nada más lejos de la verdad: en el video se nota claramente que dice: “Seguí leyendo”, al orador de turno.
Hubo dirigentes partidarios en el llano. En el escenario, tuvieron la voz cantante estas valientes personas: “Sandra Pitta, Aura Marina Ríos Flores, Ariel Grecco, Mariana Torres, Gustavo Deheza, Silvia Puceiro, Matilde Beckerman, Martha Ojeda y Tomás Vizcarra. La patria se los debería agradecer porque fueron capaces de inflar el pecho y decir lo siguiente:
“Nos hemos reunido para rendir tributo a quien dio su vida para que todos los argentinos podamos conocer la verdad sobre quienes fueron los autores del atentado contra la sede la AMIA que, sabemos, también son los responsables de la voladura de la Embajada de Is-
rael. No es este el reclamo solo de las víctimas y sus familiares sino de todo un país al que esas bombas asesinas les sacudió el alma.
Nadie en la Argentina puede darse el lujo de interpretar la muerte del Fiscal Alberto Nisman según su ocasional conveniencia política o el cargo que circunstancialmente ocupe. Quien piense que el sillón de Rivadavia tiene el poder de hacer cambiar la verdad; quien crea que la verdad puede escribirse y cambiarse a conveniencia no
es más que un aliado de la mentira y cómplice de los culpables. Por eso hoy aquí decimos: Justicia Perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
Un hecho criminal de este tipo no puede ser interpretado fuera de contexto. Alberto Nisman anunció que iba a presentar pruebas contra la entonces presidenta de la Nación como principal encubridora de los responsables del atentado a la AMIA y, 4 días después, apareció muerto. Nadie que se crea dueño de una verdad se suicida, nadie que tenga semejante entusiasmo vital se quita la vida. Por eso hoy aquí decimos: Justicia Perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
El gobierno de aquel entonces –que hoy ha vuelto con la intención de terminar su tarea inconclusa de asegurar la impunidad de los culpables y de quien pactó con los culpables– firmó un pacto clandestino e inconstitucional con la República Islámica de Irán que después transformó en ley con su mayoría automática en el Congreso. Ese pacto transformó a Nisman en la víctima número 86 del atentado a la AMIA y, a quienes lo firmaron y votaron, en traidores a la patria. Por eso hoy aquí decimos: Justicia Perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
El Memorándum de entendimiento firmado con Irán quitó del medio a la Justicia Argentina que ya se había expedido y armó una “Comisión de la Verdad” que sólo podría tomar declaración a los sospechados en aquel país. El Memorándum era un pacto de impunidad que transformaba a los victimarios en sus propios jueces. Nisman, con razón, se sintió apartado y traicionado como la inmensa mayoría de los que queremos un país republicano con una justicia soberana e independiente. El pacto con Irán llevaba implícita la promesa del gobierno argentino de levantar las alertas rojas que pesaban sobre los iraníes acusados de haber planificado el atentado. Por eso, la muerte del fiscal, que iba a denunciar semejante desatino, no fue casualidad ni fue suicidio. Como bien dijo en febrero de 2015 el actual Presidente,
que hoy ya cree otra cosa, la prueba contundente que iba a mostrar
Nisman la teníamos todos ante nuestros ojos y no era otra que el propio pacto.
Y como no estamos dispuestos a tolerar que desde el poder se falsee la verdad y se borre y reescriba la historia a voluntad, decimos juntos una vez más:
Justicia Perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
Cuando Nisman fue nombrado para estar al frente de la Unidad Especial para la Investigación de la Causa AMIA, el primer kirchnerismo, le dio todo: recursos, colaboración de los organismos de inteligencia del estado, lustre internacional y amplia potestad para llevar a cabo su tarea. Pero algo dramático pasó en el medio; algo hizo
que nuestro país cambie su estrategia de alineamiento internacional y que el eje –por conveniencias económico estratégicas o ideológicas– gire para recostarse al calor de la Venezuela de Chávez y Maduro y el régimen de Irán. Fue entonces cuando Alberto Nisman se transformó en una molestia. Fue entonces cuando comenzó una feroz campaña para erosionarlo, desprestigiarlo y amedrentarlo. Una campaña de demolición que orquestaron los mismos que lo encumbraron y que, en estos últimos días, han vuelto a impulsar. A Nisman lo victimizaron, lo destrozaron y pretenden que creamos que se suicidó. Por eso hoy aquí nuevamente decimos: Justicia perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
Los mismos que lo denostaron. Los mismos que durante un tiempo sostuvieron que lo asesinaron y luego que se suicidó. Los mismos que no supieron qué hacer con un Fiscal de la Nación muerto y contaminaron deliberadamente –o por impericia– la escena del crimen, son los que hoy pretenden ordenarle al Poder Judicial que revise técnica y administrativamente la pericia llevada a cabo por la Gendarmería Nacional. La cosa está clarita: quieren transformar su relato en historia oficial y con tal de que eso ocurra no tienen el menor prurito en seguir manoseando la memoria de Nisman y de todas y cada una de las víctimas del atentado a la AMIA. Por eso decimos junto a la enorme mayoría de los argentinos: Justicia perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
Como parte de la campaña de demolición de la figura de Nisman y
de la propia Justicia Argentina, tuvimos que soportar la también la pactada aparición mediática de Mohsen Rabbani sindicado como autor intelectual de los atentados. Llama la atención la facilidad con la que determinados medios de comunicación consiguen entrevistas con prófugos de Interpol sobre los que penden alertas rojas. Como era de esperar, este señor hizo lo imposible por dejar bien parada a la actual vicepresidenta de la Nación pero cometió un error grave: dijo con todas las letras que a Nisman lo mataron y agregó que eso sucedió porque, en realidad, tenía las manos vacías. Nos preguntamos: ¿Deberíamos creerle a un representante de un régimen que financia al terrorismo y que la semana pasada tuvo que admitir que derribó con un misil un avión de línea después de haber intentado ocultarlo inútilmente ante el mundo durante tres días? Es sintomático que haya afirmado que lo mataron y es ridículo lo de las manos vacías. Nisman no tenía en sus manos arma alguna, tuvo la prueba de la impunidad que fue el Pacto con Irán y estaba dispuesto a llevar esta denuncia ante Tribunales Internacionales. Por eso nuevamente decimos: Justicia perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio.
Así como Cristina Kirchner hizo un pacto de impunidad con Irán, el actual presidente hizo lo mismo con ella: pactaron una candidatura
a cambio de impunidad. Vemos claramente y sin sorpresa como muy pronto ha comenzado la devolución de favores porque para ellos la lealtad –que puede ser transitoria o relativa en el llano– se transforma en omertá cuando ocupan el poder. Ambos quieren desmontar la causa de mayor envergadura política que pesa sobre la vicepresidenta: la del magnicidio que hoy cumple 5 años impune. Den por seguro los argentinos no lo vamos a permitir y por eso repetimos y nos despedimos diciendo una vez más: Justicia perseguirás. No fue suicidio, fue un magnicidio”.

A 5 años, Nisman presente – 17 de enero 2020

A cinco años de su asesinato en Puerto Madero, hay que decir que el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir toda la vida a Cristina. Porque ella es responsable de su asesinato. Por acción o por omisión. Cada vez que la justicia avanza, el cerco se cierra más sobre Cristina. Mientras las investigaciones se acercan a la verdad, Cristina se aleja de la posibilidad de lavarse las manos.
Hay una gran demanda social de juicio, castigo y condena para los autores, materiales e intelectuales del crimen de Alberto Nisman, un magnicidio al que muchos consideran, el tercer atentado después de la voladura de la AMIA y la Embajada de Israel.
Hay que tener presente que la Cámara Federal, confirmó que el balazo en la cabeza de Nisman fue producto y consecuencia de la denuncia que el fiscal hizo cuatro días antes sobre Cristina y su banda. Estamos hablando del más grave de los delitos: el de haber encubierto a los iraníes autores del peor atentado terrorista de la historia argentina.
Insisto: esto no es una opinión de un legislador opositor o de un periodista independiente. Esto son los camaristas que confirmaron las conclusiones del juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano.
En su resolución, el magistrado asegura que Cristina “impartió órdenes para beneficiar a los iraníes que asesinaron en forma masiva a 85 personas” y por eso la procesó, la embargó en 50 millones y le pidió al Congreso que le quiten los fueros para poder aplicar la prisión preventiva.
Estas son las consecuencias más brutales del tenebroso pacto que firmó Héctor Timerman con Irán por orden de Cristina. El ex canciller falleció y por eso prefiero no cargar las tintas pero, hasta su ex jefa política, Elisa Carrió lo acusó de haber “traicionado a su pueblo”.
Otro cachetazo judicial para Cristina es que la Cámara avaló el informe pericial de la Gendarmería que confirma que Nisman fue asesinado en el baño por dos victimarios, uno manipuló el arma y el otro movió el cuerpo. Dicen que hasta por la morfología de las gotas de sangre es posible establecer que hubo otras personas. Lo golpearon y le fracturaron el tabique nasal y lo drogaron con Ketamina para vencer su resistencia”.
Es esta pericia minuciosa y certera la que el presidente Alberto Fernández quiere voltear. Por eso dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza, que ese trabajo carecía de todo rigor científico” y que “era ridículo”.
Una mentira tan grande como el crimen. En la pericia, hicieron su aporte más de 40 expertos en criminología, en medicina legal, balística, acústica, video, planimetría, rastros y expertos en microscopios electrónicos y cromatógrafos. Y fue firmada por los dos más grandes maestros de la criminalística nacional: Osvaldo Raffo y Julio Ravioli. Puro prestigio profesional.
El balazo de la pistola Bersa explotó en el cerebro de Nisman el domingo 18 de enero de 2015 a las 2:46 hs de la madrugada. Nisman no tenía rastros de pólvora en sus manos, el tiro entró por una zona donde no se disparan los suicidas, borraron sus registros del celular y alguien ingresó a su computadora después de su muerte.
El doctor Pablo Lanusse nos dijo que los restos de pólvora no estaban en la mano de Nisman, porque quedaron en la mano del asesino. Y de paso hizo dos presentaciones lapidarias contra el presidente de la Nación denunciando su intromisión en una causa penal en trámite y eso no lo puede hacer porque la Constitución Nacional se lo prohíbe. Lanusse, abogado de Sara Garfunkel, la madre de Nisman consideró esto de “gravedad institucional” porque el jefe del estado “ejerce una clara presión sobre la causa y amenazó con nombre y apellido a los jueces Irurzun, Ercolini, Geminiani y Hornos que (nada casualmente) son los que intervinieron en el pacto tenebroso firmado con Irán y en el asesinato de Nisman. Y agregó que encima se postuló como jefe de todos los fiscales al juez Rafecas que “intentó sepultar la denuncia de Nisman cuando su cadáver todavía estaba tibio”.
Todos recordamos aquella patética cadena nacional que Cristina ofreció toda vestida de blanco y en una silla de ruedas como apostando a victimizarse.
En este tema Cristina fue y vino, varias veces. Dijo que fue un suicidio y después un asesinato. Dijo que se enteró por uno pero después por otro. Un verdadero chiquero declarativo igual que el que Sergio Berni protagonizó en el escenario del crimen.
Cristina no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman.
Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”. Más o menos lo mismo que dijo Leopoldo Moreau que batió todos los records de antisemitismo al vomitar brutalidades que ni fachos históricos como Alejandro Biondini, se atrevieron a decir. Escribió el siguiente tuit, digno de un tacuara musoliniano: “El invento del asesinato de Nisman fue una de las operaciones de marketing mejor concebida a nivel global. La empujaron el Estado de Israel, la derecha norteamericana, los fondos buitres y los socios locales de ese club”.
Quisieron instalar que Nisman era imprevisible, un tiro al aire, pero fue un tiro en su cabeza.
El peor escenario para Cristina fue cuando la Cámara confirmó que Nisman fue asesinado por la denuncia que hizo sobre ella. Los jueces aseguraron que “Nisman no se suicidó ni fue inducido al suicidio. Que no estaba loco ni tenía miedo”. Al contrario, estaba eufórico y contento porque en unas horas iba a exponer toda su investigación ante el Congreso de la Nación.
Las escuchas telefónicas, sobre todo entre Jorge Yussuf Khalil, Luis D’Elia y Fernando Esteche demuestran sus reuniones en la Casa Rosada con Carlos Zannini y Oscar Parrilli.
Ojalá estas palabras sirvan de consuelo para la familia del fiscal, sobre todo, para
sus dos jóvenes hijas, Iara y Kala.
Todas estas son muy malas noticias para Cristina y su gente en la causa que más la asusta. Cristina comete errores, entra en pánico y actúa como culpable cada vez que este tema vuelve al escenario público.
En el caso de Carlos Zannini salta a la vista que, según Antonio Stiuso, fue el encargado de comunicarle a Nisman la orden de Cristina: “dejá de investigar a Irán”. Orden que, dicho sea de paso, Nisman no cumplió y por eso terminó como terminó.
Julio de Vido tendrá que dar explicaciones sobre el posible intercambio de petróleo con Irán o la triangulación con Venezuela para abastecer el plan nuclear de quienes aún hoy niegan el holocausto. Muchos creen que esta transa repugnante de impunidad por apoyo nuclear es lo que explica el inexplicable viraje de 180% de Cristina en este tema. Pasó levantarse de las sesiones de Naciones Unidas cuando hablaba el representante de Irán a firmar un pacto tenebroso y secreto con ese gobierno.
Delia Sisro, coautora con Waldo Wolff del libro “Asesinaron al fiscal Nisman. Yo fui testigo”, dijo en el acto de Entre Ríos que “Cuando borraban las huellas de su casa, nos dejaban las marcas a todos los argentinos” y que “En un país en el que nos enorgullecemos de la lucha por la justicia y no de la venganza, en el que no pedimos la pena de muerte ni para el mas nefasto de los dictadores, ni para los probados torturadores, el fiscal Nisman murió en cumplimiento de su función”. Y finalmente aseguró que “Toda la sociedad argentina sigue sangrando por la herida de su bala”.
Es que los K, nunca entendieron que la mentira siempre despierta sospechas. La verdad siempre resucita, por más profundo que la entierren. La verdad no se suicida ni se puede sepultar. Por eso Nisman es una bandera de lucha contra la impunidad. Es un faro de luz contra la oscuridad. Nisman presente: hoy y siempre.